Pues se está marchando el 2013. Otro añazo más, casi nada. A nivel deportivo tengo que reconocer que ha estado chulo, qué diablos. He corrido bastante poco en asfalto y digamos que me introducido irreversiblemente en el trail running. Sufrí la gran decepción de no terminar los 101 kms de Ronda en mi primera experiencia en la ultradistancia, lo que en su día me provocó malestar y ciertas dudas. Pero esto ya se sabe cómo funciona: los fracasos quedan atrás y enseguida está uno mirando hacia adelante. Aprendí. No tengo ni idea de qué, pero aprendí, puedo estar seguro de ello. Vinieron dos maratones de montaña, entre otras carreras de trail, más o menos montañeras. Siguieron muchas horas de montaña, muchas cuestas y veredas técnicas y casi sin darme cuenta siento que he alcanzado cierto nivel en este mundo del trail running. He dicho “cierto”. Me habré quedado corto para algunos, pero seguiré en otra categoría inferior para otros.
Pero lejos de valorar los resultados cosechados lo que siento en este final de este casi extinguido año es una sensación de intranquilidad. Algo se ha instalado en mis entrañas. Quizá no se trate más que de que soy un año mayor. O de que este país me produzca asco y vómito (hoy se lo leído a Sabina en una entrevista y no puedo estar más de acuerdo). Puede que ya correr no sea suficiente para huir de la mierda reinante y este horizonte dubitativo me produzca esta inquietud. A pesar de innumerables momentos de felicidad corriendo por los montes, lo que subyace sigue ensombreciendo mi rostro. No estoy contento. No me siento en paz con el mundo. Tengo una visión destructiva de mi entorno que me hace pensar en que a lo peor tengo un espíritu irremediablemente misántropo. O nihilista. O vete a saber y resulta que no soy más que un pringado insatisfecho. La pérdida de la fe en el género humano me preocupa, pero siento que no puedo mantenerme más en modo contemplativo. Siento la necesidad de gritar, de explotar, de quejarme, de rebelarme y de mandar al mundo a hacer puñetas.
Necesito leer y escuchar a la coherencia y la sensatez y de entre lo último que he buscado me voy a permitir recomendar este blog a aquéllos que aún no tengáis la fortuna de haberlo conocido: www.livanvivo.blogspot.com Si corres, si sientes algo, si estás vivo, debes pasarte por ahí y leer sus dos últimas entradas (“El club de lo corredores compulsivos” y “Salvaje”), entre otras.
Y dejando la metafísica a un lado y volviendo a la realidad atlética, a modo de visionario preveo muchísimas carreras de trail nuevas en pueblos recónditos nunca antes mencionados, muchísimas carreritas de disfraces, benéficas y de diversa índole corridas por miles de nuevos corredores, muchos Bikila verdes (cada vez salen más) sobresaliendo en todas ellas (¿Para cuándo una sección de petanca Bikila?) y mucha oferta de carreras en general, tantas que no cabrán en la agenda.
Runners del mundo: disfrutad estas fiestas y corred. Que en el horizonte siempre haya montañas. Corred siempre.
viernes, 20 de diciembre de 2013
miércoles, 4 de diciembre de 2013
CREEP
PUES COMO EXPUSE EN LA ANTERIOR
ENTRADA, HAY MUCHOS FACTORES QUE IMPIDEN MI NORMAL ACTIVIDAD
ESCRITORA EN ESTE BLOG. SE TRATA DE ESCRIBIR O CORRER Y ANTE ESA
DISYUNTIVA ,FRANCAMENTE LO TENGO FÁCIL.
SIN EMBARGO HAY DÍAS EN QUE LAS
SENSACIONES – MÁS QUE LAS IDEAS- FLUYEN Y FLUYEN Y QUIEREN AFLORAR
A LA SUPERFICIE, AUNQUE POR SENTIDO COMÚN UNAS VECES Y POR MERO
ESTOICISMO OTRAS, SE QUEDAN DONDE SE GESTARON. DENTRO.
HOY, QUE HE DECIDIDO DAR RIENDA
SUELTA AL TECLADO, NO OBSTANTE NO ES UN DÍA ESPECIAL. SEGUIRÁ
SIENDO OTRO DÍA EN EL QUE LAS SENSACIONES SEGUIRÁN SEPULTADAS.
¡QUIÉN ME IBA A DECIR A MÍ CUANDO EMPECÉ A CORRER HACE MÁS DE 15
AÑOS QUE UNA ACTIVIDAD TAN PRIMARIA PUDIERA SUSCITAR TANTA
INSTROSPECCIÓN!
HEMOS FORMADO UN CLUB DE TRAIL, HE CORRIDO EN JARAPALOS, ADORO EL MONTE... CONSEJOS, DEFINICIONES
SUPERFICIALES, OPINIONES, DISPARIDAD DE OPINIONES, DIVERSIDAD DE
IDEAS,LA INDIVIDUALIDAD EN LA PLURALIDAD.... ¿PAJAS
MENTALES O ESCRITURA AUTOMÁTICA?
EN EL ÁLBUM “PABLO HONEY”
DE RADIOHEAD HAY UN TEMAZO QUE SE LLAMA “CREEP” Y CUYO ESTRIBILLO
NO PARA DE ZUMBAR EN MI CABEZA “I'M A CREEP... I'M A WEIRDO... WHAT THE HELL AM I DOING HERE? I DON'T BELONG HERE..."
lunes, 11 de noviembre de 2013
ESENCIA
Siempre solemos encontrar una excusa más o menos plausible a
modo de justificación cuando dejamos de hacer algo, o cuando lo hacemos peor, o
quizá cuando ya no nos gusta lo que hacemos.
¿Falta de tiempo, ilusión, clarividencia, inspiración…? ¿Sólo cansancio?
No me refiero a la actividad motor de mi existencia: correr sigue siendo y me
temo que será el último resorte al que agarrarme cuando mis dedos resbalen
invulnerablemente por el precipicio.
Correr siempre es sinónimo de libertad y paz mental y espiritual.
Parafraseando
el título de Murakami “De qué hablo
cuando hablo de correr” diré simple y llanamente que ya todo está dicho,
hablado, contado, explicado. Por mí y por cientos de miles de corredores-de los
de antes y de los de ahora. Esta entrada estaba destinada a tratar del
inevitable y descarrilado apogeo del running, pero al primer párrafo me remito:
¿falta de ganas? ¿Expresar lo ya expresado previamente? Todo ese cúmulo de sensaciones e ideas que
han morado en mi mente durante semanas simplemente se han disuelto, dando lugar
a una efervescencia mental totalmente vacua. Creo que no tengo nada que contar.
No es falta de ilusión o motivación por seguir desarrollando y viviendo esta
actividad: disfruto tanto corriendo en el monte que me emociona sólo evocarlo.
Así de tajante puedo manifestarlo. Es un estado contemplativo y pueril al mismo
tiempo, una antítesis perfecta que tiene cabida en mí cuando me echo a trotar
por los senderos. La máxima expresión la
alcanzo cuando estoy solo, cuando para vencer al letargo que los horarios y las
agendas pretenden inducirme me inoculo una dosis infalible de trail, con sus
ingredientes básicos: silencio, paz, naturaleza, deporte, viento, montaña.
Creo que es tan intensa esa sensación que no necesito contar
otros detalles accesorios. No me hace falta contar mis próximos retos, ni
detallar mis anteriores entrenamientos, ni informar de los estados de forma o lesiones
o argumentar sobre las prestaciones de los últimos gadgets tecnológicos aplicados
al correr. ¿Para qué escribir un diario de entrenamiento cuando he alcanzado el
Satori, la iluminación, la
comprensión última de la verdadera naturaleza de lo que amo?
Puede que sea la tendencia natural de las cosas. O que solamente
todo en esta sociedad esté ya tan degradado y asolado que sólo nos quede refugiarnos en lo auténtico, en la
verdad despojada de fútiles capas, de ritmos, de cifras, de tanto atrezzo y de
tantos actores mediocres y extras. Y
mientras seguimos actuando en tan dudoso teatro, el tiempo sigue siendo un
monstruo con el que es imposible razonar, y miramos al fin del camino sin
apreciar las piedras y los árboles.
A lo mejor es sólo cansancio y en la próxima vuelvo a hablar
de materiales técnicos y de épicas maratones alpinas.
sábado, 12 de octubre de 2013
Fatiga Muscular (O la Gran Cagada)
Y por más años que pasen y siga corriendo, no dejaré de
cometer errores. No será por falta de documentación en forma de lectura de
artículos en internet, charlas con corredores experimentados, consejos de fisioterapeutas, disertaciones con
el propio sentido común…
No, no señor. Hace un par de meses me inscribí en la 31
Media Maratón de Granada y justo un mes después también a la maratón alpino
Emotion Extreme, en Jaén, que tendría lugar exactamente una semana después. Bah, al
maratón voy con mentalidad finisher, luego reposo absoluto una semana y a tope
por la media, a intentar la 1h20’. Una semana antes de la maratón de montaña
Luis Alberto Hernando se había hecho con el primer puesto en la Sky Race de la
Sagra y a la semana siguiente había logrado también el primer puesto en la
Cavalls de Vent (100 kms de montaña, ejem).
Servidor tuvo –modestia aparte- una grandiosa y meritoria participación
en la preciosa maratón montañera y a la semana después ha reventado su bíceps
femoral en el km 19 de la Media Maratón. Las comparaciones son odiosas, y no
viene al caso tratar la semana transcurrida entre ambas pruebas, pero por excusas
que se pongan, por razones que trasluzcan, lo que es obvio es que es una
completa insensatez competir dos semanas consecutivas.
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¡Esa carita! |
A día de hoy, una semana
después de la media, no puedo correr, supongo que tengo un tirón, o una microrrotura
fibrilar en el femoral, o vete a saber, porque el fisio aún no me ha podido
tratar. Y en el horizonte dos cositas: CxM de Pitres (27 de octubre) y sobre
todo Maratón Alpino Jarapalos (16 de noviembre). ¿Y ahora qué?
Y vosotros, corredores, ¿qué pensáis de hacer 42 kms “recios”
de montaña, darle a tu cuerpo una semanita de descanso ( bueno, sin correr
sería una expresión más apropiada) y luego salir al domingo siguiente a 3’45’’/km
con el noble fin de hacer MMP en una Media Maratón?
martes, 1 de octubre de 2013
EMOTION EXTREME: MARATÓN TRAIL "VÍCTOR ARAQUE"
Dice un proverbio chino que corriendo solo llegarás más
rápido, pero si lo haces acompañado llegarás más lejos. Pues bien, yo digo que
no habría ido más veloz si el pasado domingo hubiese corrido solo pero que no
habría llegado donde llegué si no llego a ir acompañado. No, no estoy tratando
de hacer jueguecitos morfosintácticos. Estoy hablando de algo que trasciende
todo lo que sea capaz de escribir en un puñado de líneas, de algo inenarrable
que tuve la inmensa suerte de experimentar hace un par de días: correr la
maratón de montaña Emotion Extreme, en Jaén.
42 kms de agonía y éxtasis. Día inolvidable, meteorología
perfecta y ajustada para el gusto más pureta de los corremontañeros: llovizna,
bruma, niebla, rachas de viento en las cimas… La definición del trail running.
Cortafuegos, descensos técnicos –con cuerdas y piedras pulidas resbaladizas - y
otros no tanto, a pesar de que la organización se empeñaba en advertirnos de su
peligrosidad –cosa que nunca sobra-, bosques, senderos, chaparros, guijarros
afilados… y rampas. Rampas dantescas. De ésas que te obligan a caminar casi a
cuatro patas, a agarrarte a raíces y piedras para lograr el impulso que tus
piernas y tu corazón ya apenas te pueden otorgar, de ésas que cuando mirar
hacia arriba en busca de la siguiente baliza rojiblanca, ésta parece estar
incrustada en el mismísimo cielo. Rampas de las que duelen y te matan.
Cuando los veteranos corredores montañeros te avisan de que
esto hay que tomarlo con calma se quedan cortos. Cuando te advierten que estas
carreras son largas, te percatas de que no es un adjetivo apropiado. Es otra
cosa. No es una carrera. Es una aventura apoteósica. Eres tú: una mezcla de tu maltrecho cuerpo y tu
traicionera mente son los que inician un viaje hacia lo desconocido en un
entorno mágico, una película que representa un impulso vital en medio de una
tierna hostilidad.
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Coronado el pico Jabalcuz (1640mts) |
rHan pasado dos días y el embrujo se torna irreversible. Ya
nada será lo mismo tras haber corrido una maratón alpina. Ya no habrá distancia
ni ciudad alguna que me subyugue como lo hicieron esos montes. Atrás quedan la
Mella o el pico de Jabalcuz, vencidos pero impertérritos, testigos vivos de la
hazaña de 71 valientes que se atrevieron a desafiarles. 71 historias personales
entrelazadas por esos senderos y pistas. Historias de corredores rápidos y
lentos, fuertes y más débiles, solitarios y acompañados, primeros y últimos, todas distintas pero todas con idéntico final:
el de la fortuna de haber estado allí.


Y toca el apartado de las enhorabuenas, un tópico obligado hoy:
A Antonio “Dolph” por su impresionante
2º puesto, que refleja el estado de las cosas, ni más ni menos (que juega en
una categoría distinta a la mía), a Antonio Sánchez por haber sufrido como nadie y
triunfado al mismo tiempo, entrando eufórico y con ganas de repetir. A nuestras niñas, Nuria y Carmen, por haber sabido apreciar la belleza del trail, participando en la edición de 16 kms. Y por
supuesto, no podemos olvidar al compañero que perdimos hace unos meses en un
desgraciado accidente y que ha puesto nombre a esta prueba, gran amante de la
montaña y la enseñanza: Víctor Araque: la montaña guarda tus huellas.
Próxima gran cita: Jarapalos, 16 de noviembre. 44 kms. 5200
metros de desnivel.
domingo, 4 de agosto de 2013
Nunca nos fuimos
Hemos vuelto, aunque a decir verdad no nos hemos ido. Nunca
nos fuimos, al menos atléticamente. Muy diversos asuntos me han tenido off-line
casi tres meses, incluyendo mudanza de por medio, y esa sí que es una carrera
dura de verdad. El caso es que en 90 días he entrenado, y mucho. Sigo sin
darles un ápice de credibilidad a aquéllos que justifican su falta de
entrenamiento o simple práctica de actividad física por escasez de tiempo. El
día puede alargarse mucho y basta con recortarle algunas horitas para hacer lo
que nos gusta. El deporte es la única religión que sigo, una amalgama cósmica
de sensaciones que conforman mi esencia y un dogma que abrazo sin remilgos ni
vacilación alguna.
He tenido que renunciar forzosamente a algunas horas de
sueño, de lectura y obviamente, de actualización de este blog, si bien también
he estado sin red más de un mes. ¿Y en qué he empleado tantas horas recortadas
al día? Pues desde aquel pasado 11 de mayo, cuando abandonaba en el 101km de
Ronda, he devorado cientos y cientos de kilómetros, en un 99% de trail. Hemos
hecho mil y una rutas por todos los vergeles que nos ofrece nuestro paisaje
granadino (Dílar, Alayos, Trevenque, Sierra Nevada, Cruz de la Atalaya y Silleta del Padul…). De entre todas las rutas, cabe destacar una que completamos hace unas semanas en dos jornadas: la primera partiendo desde la Ragua y concluyendo en el refugio del Postero Alto (casi 28kms); la segunda acabando en Güéjar Sierra, pasando por los Lavaderos de la Reina (casi 38 kms), haciendo una experiencia inolvidable. Desde aquí reitero mi agradecimiento al gran Beni, que con su sapiencia y predisposición, hizo posible esta marcha, así como la que acometimos desde Diezma en nuestra preparación para el 101. Competí el 23 de junio en el I Trail del Mamut de Padul, quedando en una
meritoria 18ª posición de la general, siendo a su vez 3º en la categoría de
Federado Provincial de Granada, así que hasta tuve que subirme al podio. Desde
que en COU me entregara una condecoración no sentía la misma sensación de
torpeza al andar, con una fingida sonrisa puesta en el rostro.
El grupo de entrenamiento ha seguido creciendo y en alguna
ocasión hemos superado la decena de corredores. A todos obviamente nos une el
trail. Qué poco he desgastado mis Triumph 9 o mis Supernova Glide 4, y cuánta
tralla le he metido a las Saucony Xodus 2.0 (R.I.P.), Brooks Cascadia 7 y a mi
flamante nueva adquisición: la Saucony Xodus 3.0 –la quintaesencia en zapatilla
de trail, la perfección absoluta para mis pies-. La ilusión ha seguido intacta, hemos
progresado –lo sé-, el entrenamiento en altura hace maravillas y ya hemos
fijado la vista en el horizonte: en septiembre vendrán carreras de montaña,
seguidas por las Medias Maratones de Octubre y Noviembre. El objetivo a medio
plazo es conseguir 1h20’ en media maratón y competir y disfrutar cuantas carreras
de montaña pueda. Así de sencillo. El asfalto ya no es lo mismo para mí. No me
motiva ni disfruto recorriendo largas carreteras. Prefiero perderme por los
montes, bajar veredas complicadas, subir rampas imposibles, cruzar ríos,
derrapar en algún balate, bañarnos como chiquillos en los ríos y lagunas.
Aun así, he adquirido la Saucony Progrid Ride 5 con vistas a
hacer series y entregar mi alma, como siempre hago, en los entrenos de
velocidad. Sí, Saucony definitivamente es mi marca, algún día haré una entrada
al respecto, pues tras probar prácticamente la totalidad de marcas del mercado,
definitivamente, ésta es la que más se adapta a mis necesidades. No en vano ya
he comprado 8 ó 9 pares de Saucony en mi trayecto como corredor.
También hemos hecho mountain bike, por supuesto, aunque
bastante menos. Y es que la cabra tira al monte. Y en esas seguimos, aquí metidos en esta
cavidad tórrida, silenciosa y quieta que es agosto, pensando en la ruta que
haremos el próximo día, dónde acabaremos bañándonos, dónde nos tomaremos las
fresquísimas y merecidas cervezas.
De hecho, nunca nos fuimos.
domingo, 12 de mayo de 2013
101 KMS DE RONDA: El vacío
LAS PRUEBAS
Ahora mismo escucho a mi mujer contar por teléfono con todo
lujo de detalles a su madre cómo se ha desarrollado mi fracasada historia con
el 101 de Ronda. Duele. La gente llama, manda whatsapps, preguntan cómo ha ido
la aventura con la que durante tantos meses les he martilleado. Están en su
derecho querer conocer el devenir de todo. No es lo que más duele. Lo más
triste ha sido llegar a casa y empezar a desembalar todos los útiles que llevé
para la carrera. Sacar todos los enseres mugrientos y arrugados que parecen
tener rostro propio: el de la derrota. Especialmente me ha mortificado mirar mi
mochila, aún con el dorsal adherido y maltrecho -que ya he tirado a la basura-, sacar todos los malditos geles
y barritas que no pude consumir, agujas, antiinflamatorios, compeed, frontal,
etc, etc. Mis zapatillas cubiertas de
polvo de la serranía de Ronda me parecen un par de cuerpos abatidos en algún
combate. Lo he sacado todo lentamente, sin rabia alguna, he mirado mi camiseta
sucia con el emblema grabado en el hombro izquierdo y he sentido una tristeza
sosegada. Autocompasión, supongo.
LOS NOMBRES
Le podrán poner mil nombres. Podrán elogiar el esfuerzo
realizado, el pundonor baldío o las agallas de haberlo intentado, pero todo
encubrirá lo que realmente supone: retirada, abandono, imposibilidad. Fracaso.
Me he retirado en el km 70. Fui a Ronda para ser cientounero, para hacer 31 kms
más de los que finalmente pude, así que el silogismo es lógico y aplastante: no
he terminado el camino.
El porqué de mi decisión de abandonar me parece clarísimo:
luché y luché hasta que fui vencido. En mi fuero interno sé que es así, pero al
mismo tiempo no me consuela, no me alivia la frustración que sin duda prevalece
en estos casos. Sí, estoy frustrado, decepcionado, jodido.
EL CÓMO
Creo que estábamos haciendo una gran carrera, que todo
estaba saliendo bien, que nuestra cabeza se mantenía fría con el paso de los
kms, que controlábamos en todo momento la situación, desde el ritmo a llevar
hasta las paradas para cambiarnos de calcetines, el tiempo empleado en los avituallamientos.
Todo controlado menos lo incontrolable: el clima y el estómago. Creo que ambos van de la mano, y yo soy
enemigo del calor y soy asiduo a problemas estomacales. Bebí continuamente
sorbos de sales de mi mochila, bebí agua y aquarius en los avituallamientos,
engullí plátano y alguna naranja. Bebí, bebí y bebí. Pero no comí sólido.
Desprecié un sándwich en el km 25, confiando en que una infame barrita y un gel
serían suficiente. He aquí el error de bulto. He entrenado comiendo dátiles, higos
y sándwiches, ¿por qué demonios no hice lo mismo en la carrera? El maldito gel
sembró el germen de mi decadencia. Ya no fui el mismo. Pasamos por Arriate por
el km 32 aproximadamente y el pico de euforia aún se mantenía al máximo: 4
tipos corriendo felices, sabedores de que todo va bien, el cielo se acaba de cubrir-se acabaría abriendo de nuevo sin piedad -siendo recibidos en el
pueblo con vítores, aplausos, por mi mujer, que me hizo las fotos… Casi nos
abrazamos todos y nos besamos.
![]() |
3 victorias y 2 fracasos, en ese orden |
![]() |
Feliz km 32 |
![]() |
Pico de euforia en Arriate: directo al abismo. |
Después de infinitos caminos polvorientos compartidos con
romerías y gorrinos negros, y a partir del km 50 más o menos ya fui
visualizando el abismo al que me dirigía. Retortijones en el estómago y náuseas
prematuras ya vaticinaban un futuro poco prometedor. Para colmo, Txomin está
incluso peor que yo, con sensibles síntomas de indigestión. No voy bien, pero
lo rumio muy en mi interior y no digo nada. Tengo que llegar a Setenil, km 58,
recoger la mochila para cambiarme de zapatillas, de camiseta y recoger mi
frontal. A la entrada del pueblo ya estoy mareado, me zumban los oídos y el
nudo en el estómago es insoportable. Me agacho y me pongo en posición fetal,
cabizbajo. Convenzo a Antonio y a Pepe
para que prosigan ellos. Consigo volver a trotar y llego a la explanada
habilitada para la recogida de mochilas. Mi mujer me ha acompañado allí y al
estar con ella me convenzo de que tengo que dejarlo. No puedo comer. Doy un bocado a un sándwich,
bebo Coca-Cola y lo regurgito todo, pero no puedo vomitar. Txomin llega y los
dos acordamos que se ha acabado. Los dos estamos muy jodidos. Siento las
piernas intactas, los músculos dilatados por el calor pero operativos, sin
embargo me duelen las sienes y la boca del estómago. No podía abandonar ahí. Me fustigaría a mí
mismo durante meses si lo hubiese hecho. Otro esfuerzo más, otra lucha a muerte
con mi mente y mi cuerpo. Recojo la mochila, me cambio de zapatillas, de
camiseta y cojo el frontal para la caída de la noche. Miro a Txomin y le
espeto: “cámbiate, que seguimos”. Así lo hacemos, seguimos trotando y caminando
en las cuestas –como en toda la carrera-, pero antes del km 66 él por fin
vomita, yo sigo cabizbajo y empiezo a sentir escalofríos. No voy bien. Mi
cuerpo lleva 7 horas sin comer nada, cocinándose al sol y los líquidos que
ingiero no me ayudan, pues a cada sorbo
se incrementa mi dolor.
Es en el avituallamiento del km 66 donde
definitivamente nos miramos sentados en un banco, rodeados de marchadores,
algunos ya cadáveres con la vista perdida, y de legionarios mastodónticos que
siguen repartiendo cansinamente agua, aquarius, naranja y plátanos, y decidimos
que se termina. Pero aún no. Tenemos que ir al siguiente punto de evacuación,
que está situado en el km 70. 4 kms de rampas dantescas con piedra suelta que
habríamos de recorrer como buenamente pudiésemos. Por fin allí, me sentí como
Lorca en el barranco de Víznar, metido en un camión del ejército, rodeado de
tipos destrozados cabizbajos, cada uno con su historia, rebotando inmundamente
con cada bache y acompañados de mantas polvorientas. Allí creí morir, el
traqueteo del camión era interminable y cuando por fin nos bajamos en el
acuartelamiento de Ronda, como nos habían quitado los vales para la cena del km
80 al notificar nuestro abandono, nos denegaron la cena. Seguramente no habría
podido ni beber caldo, pero es lamentable que a los que se retiran –con lo que
ello conlleva- ni siquiera les den de cenar.
Mi mujer vino a recogernos en coche y entonces, después de
varios intentos infructuosos, conseguí
vomitar. Fueron sin duda mis peores momentos físicos. La noche ya caía
oscura, salpicada de luces de frontales de corredores. De ahí a tomar algo –por
fin-, recuperar fuerzas y esperar a que nuestros compañeros entren en meta. Por
cada corredor que entra en meta, admiración, envidia y dolor, a partes iguales.
En el parque, zona de meta, estoy rodeado de sudaderas rojas victoriosas; yo no
soy uno de ellos. Pepe y Antonio entran triunfales, han sufrido lo insufrible
pero lo han logrado heroicamente: se lo merecen, por todo. Los abrazo con todas mis fuerzas y siento lo
más parecido a la alegría de haber terminado yo, de todo corazón. Poco después
entra el grupo de Hugo, Chimo y otros amigos. Todos consiguen sus sudaderas de
finishers y sus ladrillos al cuello. Dolph ha tenido que retirarse en el km 92 con calambres insoportables. Ni puedo imaginarme cómo debía dolerle para que abandone.
¿LA REFLEXIÓN?
Han pasado apenas unas horas. No sé si habrá una moraleja,
una lección aprendida de todo esto. No he podido esperar más para intentar
contarlo. Tengo las ideas confusas y seguramente esta pseudocrónica refleje
el caos que siento, aunque me dejo sin mostrar infinitas imágenes, vivencias y
momentos, muchos magníficos. Como siempre, lo mejor la compañía, los momentos
compartidos de camaradería, el apoyo de mi mujer y mis compañeros, la comida de
hoy. Ha sido un placer compartir tantas horas de carrera con mis amigos,
ver lo que hemos visto, sentir lo que hemos sentido, pero no puedo ser
hipócrita y acabar esta entrada con esta falsa idea de felicidad: ante un abandono lo que
prevalece es la frustración y la decepción. Esa es mi bolsa del corredor hoy, el vacío. Y
lo siento, Antonio, pero no hay honra
sin victoria.
domingo, 28 de abril de 2013
COUNTDOWN...
2 semanas para la cita del año y casi desearía que no
llegara. No me interesa el final del camino, sino el propio camino. Me estoy
divirtiendo de lo lindo. Preparar un ultra es mucho más entretenido que una
media o una entera, da igual. El entreno se basa en concentrar kilómetros a
tutiplén, miles y miles de metros
disfrutones, sugestivos . Cierto es que
estaré algo más lento de lo que acostumbro, pues las series están olvidadas,
pero en absoluto puede decirse que la calidad esté siendo mermada. Dios, miro
alrededor desde mi terraza y todo, absolutamente todo el sistema montañoso que
diviso lo he recorrido pateándolo.
Obviamente, no incluyo la alta montaña, que por lógica a estas alturas
siguen bien cubiertas de nieve e invadidas por esquiadores.
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Los imponentes Alayos |
Planificar un ultra es complicado y seguramente los más
puretas que conozcan nuestro sistema encontrará lagunas y deficiencias en la
forma y en el fondo, pero nos da igual. En esta aventura estamos metido 4
amigos, pero cada uno se busca la vida como puede de lunes a viernes para meter
kms, cada uno con sus quehaceres e idiosincrasia personal propia. Pero llega el
domingo. Y el domingo es grande. Algunos se acicalan y se van a los bares. La
gente ya no va a misa los domingos, ¿no?.
Muchos no son personas hasta el mediodía, desperdiciando medio domingo
sobando la mona. El domingo es el día para sentirse vivo. Levantarse temprano
de un salto y sin siquiera mirar por la ventana vestirte con determinación,
desayunar y salir a disfrutar de estos vergeles que tenemos a nuestro
alrededor. Corriendo. No puede ser de otro modo.
Hoy han caído casi 42 kms que podrían definirse como mixtos:
hemos tocado un poco de asfalto y ciertamente empiezo a odiarlo. Todo duele más
cuando corres por asfalto, la espalda se carga más, las rodillas gimen… Hemos vuelto a toparnos con la lluvia, con
granizos, con charcos. Este ha sido sin duda el año de la lluvia, el año que
más he corrido y más me he mojado. El caso es que entre tanta ultra-tirada y
alguna carrera de trail intercalada estamos cogiendo un puntito muy bueno, la
verdad. Hoy he decidido apretar el ritmo a partir del km 32, más o menos. He
decidido comprobar si mi cuerpo podría ponerse a ritmo alto después de subir y
bajar casi 1600 metros acumulados. Y sí he podido, tampoco me he matado,
obviamente, pero alcanzaba los 4’20’’/km con relativa comodidad. El trabajo
está hecho. Al cuerpo se le ha enseñado a sufrir y todos llegaremos fuertes de
mente y dejando a un lado a las temidas lesiones –tocaremos madera. Ahora toca relajar los músculos y hacer acopio
de fuerza mental , estiramientos, pocos kilómetros y buena alimentación. Allá vamos.
viernes, 12 de abril de 2013
EVENTOS PRE-101
Un mes. Aproximadamente treinta días
para que llegue la temida y deseada 101 de Ronda. No tenemos miedo.
Si acaso respeto, pero desde luego hay motivos para embaucarnos por
el optimismo. Hemos entrenado y sabemos algo con una implacable
certeza: vamos a sufrir, vamos a experimentar la agonía y la fatiga
llevada a extremos infinitos.
En estos dos últimos meses, 4
eventos pueden destacarse por su relación directa con nuestra
primera prueba de ultrafondo pura y dura, y es que últimamente todo
lo que hacemos está ligado irremediablemente al día D:
EVENTO 1: Entrenamiento Diezma –
Granada. A finales de marzo nos encontrábamos en la localidad de
Diezma antes de las 6:00 am un nutrido grupo ultrero con el propósito
de cubrir la distancia de 46 kms, surcando toda la Sierra de Huétor.
Una velada inolvidable, mágica, épica, bañados por una incesante
lluvia, comiendo barro y conociendo parajes idílicos. Veredas
paralelas a acequias, pistas forestales, valles, prados, cascadas
ocultas... Inolvidable jornada y reto superado con creces.
EVENTO 2: III Trail Sierra de
Huétor. 26 kms. Competición que muy a mi pesar me perdí el año
pasado por mi lesión y a la que acudí como espectador. Este año
habíamos entrenado el recorrido bastantes veces, con lo que la
carrera no escondería ningún secreto. Muchísima lluvia, barro,
condiciones pésimas, pero carrera realizada de menos a más y
acabando con unas sensaciones óptimas. Puesto 27 con una marca de 2h
15'', aunque cuando la segunda parte de una carrera la haces
superando rivales y cada vez más eufórico lo de menos el puesto. Un
chute de moral y confianza.
EVENTO 3: Por un malentendido made in
UK, mis Brooks Cascadia 7 verde lagarto no llegaron a mis
manos. Se quedaron sin stock y no se molestaron en avisarme. En fin,
busca zapatillas para el 101 a falta de un mes. Tienda física: más
de 100 euros, fijo. Sondeo por todas las webs de venta online de
material de running: infructuoso. Quiero, deseo las nuevas Saucony
Progrid Xodus 3.0 pero superan los 120 euros. La suerte quiso que en
una tienda nueva de Granada encontrase la Cascadia a 79 euros, precio
imbatible. ¡Y azules! Menos feas... Son un guante: las estreno en el
llano de la Perdiz y a pesar de ir cargado por el trail anterior mis
piernas piden candela.
EVENTO 4: Entrenamiento Huenes –
Trevenque – Alayos – Ermita Vieja – Cumbres Verdes.
Casi 52 kms con más de 4.500 metros de desnivel. Sin palabras. La
dureza de esta velada se nos fue un poco de las manos, incluyendo
cruce de ríos, pérdidas por senderos inundados de zarzas, subidas
durísimas y bajadas técnicas que hicieron nuestra delicia. Sufrimos
muchísimo, nos vaciamos, pero corrimos y anduvimos durante más de 7
horas. Un auténtico entreno ultrero 100%. Y las Cascadia han respetado mis pies.
Este
domingo vamos al I Reto Trail Jamilena, prueba primeriza que promete.
Además juego en casa, en mi tierra. Hay que rendir a tope, darlo
todo y sentir, una vez más, lafusión de correr con la naturaleza.
Este proceso de trailización
se
me antoja irreversible. Probaré el asfalto en dosis justas. Yo estoy
hecho para el monte.
sábado, 16 de marzo de 2013
Dudas, zapatillas, trails y ultrafondos.
Quedan apenas dos meses para el 101KM de Ronda. Ni vértigo,
ni miedo, ni emoción, ni nada de nada. Siempre he pensado que la temporada del
corredor es demasiado larga, que mantener un estado de forma ideal es muy complicado y que los altibajos en
la motivación son demasiado frecuentes. Y es que últimamente no me encuentro ni
en forma ni motivado. Voy a participar en dos trails (Sierra Huétor y I Reto
Trail Jamilena) antes de afrontar el 101 y viendo mis últimas sensaciones tanto
en entrenos como en competición, lo mejor que puede suceder es que la prueba de
mayo pase lo antes posible.
Mi mayor temor no es mi estado de forma, o el ritmo que voy
a emplear para afrontar los 101.000 metros. Estoy literalmente acojonado por
mis pies: no sé qué zapatillas me acompañarán. Compré unas Saucony Triumph 9
para domarlas con tiempo y dada su excelente amortiguación y comodidad, serían
mis compañeras de viaje. Pero lo tengo crudo, mis pies no son como los del
resto de la humanidad. Mis talones siguen gimiendo cada vez que me las calzo.
La otra opción plausible eran las Saucony Xodus 2.0, mis zapas de trail
actuales, una maravilla de estabilidad, agarre y comodidad al que le falla un
aspecto: la transpirabilidad. Son una magnífica opción para otoño-invierno,
puedes pisar charcos sin miedo porque el agua apenas traspasa al pie –a pesar
de no llevar goretex- pero ni se te ocurra calzarlas con calor o en pruebas de
más de 25 kms. Lo experimenté hace unas semanas en el Trail de los Guájares:
las plantas de mis pies ardieron. Tengo
otras opciones, pero están planteadas para la segunda parte –la final- del
ultra, para los últimos 20-30 kms: mis incombustibles Adidas Supernova Glide 4,
una zapatilla cómoda pero que sin embargo queda claramente corta para hacer 80
kms con mis 80 kilates y mi pisada irregular.
En fin, que acabo de optar por una solución de emergencia: he adquirido
las Brooks Cascadia 7, las zapas de trail más asfalteras del mercado, y es que
por ello son una buena opción para el 101. Espero que sus famosas y aclamadas
bondades de comodidad y amortiguación sean compatibles con mis complicadísimos
pies y no requiera una adaptación demasiado larga. De hecho, ya están pedidas a
Sportsshoes. ¡Y qué feas son las puñeteras!
Prefiero hablar
de material técnico y no de estados físicos y mentales, y es que voy a tener
que darles la razón a mis compañeros de entrenamiento cuando afirman y repiten
que soy “el corredor bipolar”, con mis chutes instantáneos de endorfinas y con
mis profundas caídas en el abismo. Que
no me siento competitivo es obvio, que no estoy en mi mejor momento, también,
pero a pesar de todo no dudo de que estaré allí y daré todo lo mejor de mí
cuando llegue el día. Para abrir boca, mañana a las 5 de la mañana estaremos
cubriendo más de 45 kms de montaña, acompañados por la sempiterna lluvia de los
últimos días. Será un buen test de cara al 101, sin duda.
sábado, 23 de febrero de 2013
Uno de tantos
La inactividad que sufre este blog no se debe en ningún caso
a un cese de actividad deportiva. Sigo entrenando, planificando el horizonte. Más
bien obedece a un estado generalizado de apatía sumado a un pequeño bache que
ha mermado mi confianza. Así es este deporte y así soy yo. Del todo a la nada en
un abrir y cerrar de ojos. Es difícil
racionalizar en malos momentos, qué duda cabe, pero con el paso de los días las
piezas van encajando y voy entendiendo las respuestas físicas en determinados
momentos.
El domingo pasado corrí un 10K. Fue en Albolote. Hice una marca de 37’
44’’. Lo de la botella medio llena o medio vacía no funciona para mí.
Simplemente, es una mala marca, aderezada de malas sensaciones y
negatividad. Me ha tenido preocupado
varios días, pero ya no más. Sé que puedo rebajar casi dos minutos, que mi
marca está en torno a 36’. A veces los
corredores decimos que aparte de todo el entrenamiento y alimentación correctos, se necesita “tener
el día” para que salgan bien las cosas. No tuve el día, es más, tampoco “tuve
los días anteriores”. No llevé la mentalidad necesaria ni el descanso
requerido. Llegué cansado, física y anímicamente, y el resultado fue el que
fue. No obstante, una mala marca nunca
puede ser óbice para dramatizar como yo hice, para replantearme este deporte,
si debo o no competir, para aceptar que entre todo el universo de corredores
populares yo soy, llanamente, uno más del montón y que hay otros mucho mejores.
He pasado una semana
renqueante, apenas he corrido y tampoco
he tenido ganas, pero mañana toca faena de las buenas. Y tengo ilusión y ganas.
Me da igual el puesto que obtenga, sólo quiero tener buenas sensaciones, y “disfrutar
sufriendo” por los montes en la V CxM Los Guájares. Casi 30 kms de puro trail
con un desnivel exigente en la que será la 1ª prueba de la Copa de Andalucía.
Nada mejor que correr por la montaña para recuperar las ganas y la ilusión. Hay
un montón de inscritos, va a acudir la élite del trail español (hermanos
Mudarra, Iván Ortiz, etc etc) y ahí estaré yo y sin duda seré de nuevo y
solamente uno más de tantos.
domingo, 27 de enero de 2013
Txomin Desencadenado en la 18ª Media Maratón de la Cartuja (SEVILLA)
Pues hemos vuelto con nuestros escudos. No intactos, algún
mandoble que otro nos ha caído, pero enteros al fin y al cabo. Antonio siempre
nos dice que volvamos de una carrera con nuestros escudos o sobre ellos.
Hoy ha sido uno de los días más atípicos que he tenido como
corredor. Una experiencia ciertamente extraña y sin un ápice de cinismo afirmo
que tengo un regusto dulce… pero no tanto.
No es atípico meterte casi 500 kms en total para correr una Media
Maratón; muchos lo hacen e incluso más distancia. Tampoco es atípico levantarte
a las 6am para correr 21 kms; muchas otras veces lo he hecho y una infinidad de
corredores saltan de sus camas los domingos para irse a trotar a otras ciudades.
Lo que es atípico es afrontar los últimos 200 metros de carrera y no tener ni idea
de la marca que vas a hacer. Empezaré desde el principio.
Mañana ideal para correr: ni una pega al tiempo: nublado, 10
grados. Ágil recogida de dorsales, fácil aparcamiento, tiempo de sobra para
calentar, bien desayunados e hidratados. Primera crítica, extensible a la mayoría
de carreras populares: esto de las carreras populares ciertamente son cada vez
más populares; quiero decir que a falta de 5 minutos para dar la salida
teníamos a no menos de 300 corredores por delante del arco, haciéndose los
remolones, haciendo caso omiso al speaker, que amablemente los animaba a
situarse en el lugar adecuado. Todos queremos salir bien posicionados, pero no
es de recibo tener que sortear a un montón de gente cuyas pretensiones son
bastante más discretas de lo que denotaba su posición. Un poquito de respeto y
de sentido común.
A pesar de este contratiempo, sorteando bicicletas y público
por el carril bici izquierdo, Txomin y yo marcamos el primer mil en 3’49’’. Segundo
revés: ¿dónde está el km 2? Cuando lo sobrepasamos, resulta que mi reloj marca
8 minutos. Luego hemos bajado el ritmo, pero las sensaciones no son de ir más
lento en absoluto. Está mal colocado, seguro.
Miro al frente y procuro que esto no me descentre. Sé que voy por debajo
de 4’/km. Así seguimos hasta que me topo
con mi tercer traspié: hacia el km 6 miro el cronómetro (comprado en Sprinter,
5 euros) y se ha parado, marca 30 segundos. No responde. Genial. No sé qué
tiempo estoy haciendo. Me sobrepongo y confío en que voy suficientemente
rápido. Tengo buenas sensaciones y la suficiente frialdad para idear un plan:
supongo que caeré en algún momento de la carrera, que me vendrá el bajón, que
no estoy fino aún, todos los malos augurios me invaden, así que decido atacar.
Sí, atacar, comandar el grupo de 10 ó 12 corredores que vamos bastante parejos
y “hacer de liebre” a Txomin. La gasolina me dura hasta el 14, donde
evidentemente la fatiga empieza a hacer estragos: cuádriceps tocados. En mi mano derecha, un gel despachurrado a
punto de extinguirse. A sufrir toca. El grupo se disgrega: la mitad avanza con
Txomin al frente y la otra parte se queda rezagada, conmigo peleando con otros
3 ó 4 corredores que van dando ataques puntuales. Decido contemplar el Guadalquivir,
abstraerme de mi sufrimiento. Agonía en
el 16. ¿Cómo coño iré? Resisto las
ganas de preguntar y decido seguir adelante, irremisiblemente vaciándome.
Km 17. Pienso que me quedan 2x2000. 10 vueltas a la pista de
atletismo. Es lo que tienen las series. A pesar de pensar todo lo posiblemente
pensable, a pesar de la mentalización positiva, a esas alturas de carrera ya
vas cascado y penando de lo lindo. A pesar de todo, aquí sale el entrenamiento
y doy absolutamente todo lo que llevo dentro. Mantengo a Txomin a unos 150
metros por delante. El Estadio Olímpico. La bocana de la puerta Este, creo.
Falta la bajada oscura y un 400. A tumba abierta y a todo esto sin tener ni
puñetera idea de mi marca. Calculaba 1h 24’ y sólo hasta que afronté los
últimos 200 metros no pude divisar el marcador del tiempo oficial: entraría en
1h 22’. Sorpresa, alegría, resignación (otra vez). Sprint y a la meta, rebajando 18 segundos mi MMP. El
desencadenado Txomin, que está absolutamente intratable en todos los terrenos y
disciplinas, ya sea montaña, asfalto, series, bicicleta… ha conseguido entrar
por debajo.

Seguimos.
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