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My new babe |
He aquí una nueva inquilina en mi familia atlética: otro par
de Adidas Supernova Glide 4. Vienen blanquitas, relucientes, preciosas,
elegantes. Como véis, no puedo dejar de pensar en correr, a pesar de los
pesares. Y no, esta vez no voy a lamentarme y a quejarme de lo jodidamente mal
que progresa mi lesión. ¡Ups!, ya lo hice. El caso es que hace unos días,
cuando encargué las zapatillas, me dio uno de esos vuelcos de conciencia que
suelen atacar a las mujeres cuando compran a Inditex más trapos de los que
necesitan. “¿Otras más? ¿Las necesitas, son necesarias? ¿No será que eres un
friki fetichista compulsivo? “ –me pregunté mientras aguardaba que estuviesen
en mis manos. Me cuesta explicar mi devoción por las zapatillas de correr. Yo,
que corrí durante más de 10 años con las primeras bambas que estuviesen de
oferta en la tienda. Ni pronación, ni supinación, ni amortiguación neutra, ni
transpiración adecuada, ni upper, comodidad, ligereza, transición, EVA,
Adiprene, Gel, Wave… ni leches. Las más baratas y si tenían el logotipo de
Nike, pues más chulas. No sé la barbaridad de kms podría hacerle a aquellos
pares de zapatillas.
Pero un
buen día empecé a indagar, a investigar, a interesarme realmente por todo este
mundo zapatilleril, y llegados a este punto afirmo sin modestia y al mismo
tiempo sin vanidad que entiendo de zapatillas más que la mayoría de encargados
de tiendas de deportes, incluso especializadas. Entiendo su morfología, sus
diseños, su marketing… y me encantan. He tenido zapatillas con control de
pronación al principio; después descubrí que las neutras me iban realmente
mejor. He tenido pares de casi todas las marcas existentes en el mercado. Hace un par de años me atreví con las
primeras mixtas (Unas Asics Ds Trainer que incluso han hecho un maratón este
año) para entrenos de calidad; esta temporada me hice con una maravilla llamada
Adidas Adizero Aegis 2, destinada exclusivamente para mis carreras. Tengo tres
pares de trail-running, unas casi intactas aún, la Saucony Progrid Xodus
2.0. He probado casi de todo y ni que
decir tiene que el 95% de las que he calzado han venido desde el otro lado del
Atlántico al principio, cuando nuestro país no imponía desagradables tasas de
aduana. ¡Cómo echo de menos Runningwarehouse y sus precios!. Después el destino
de procedencia pasó a UK, de donde vienen casi todas mis adquisiciones. El precio marca la diferencia, sin duda, así
como su seriedad para tramitar pedidos y devoluciones.
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La familia actual, al completo. Faltan las recién defenestradas Asics Ds Trainer 15. |
Estas últimas provienen de tienda física, una que ha tenido
la brillante idea de hacer promociones de 2x1, así que sólo se trataba de
buscar compañeros interesados en “adoptar un nuevo par”. No me diréis que 65 euros no es un precio
competitivo para esta zapa. Como decía, me divierte comprar zapatillas,
buscarlas, rastrear la mejor oferta, contrastar colores, echar un ojo a otra
página just in case. Y cuando me da el calentón supremo presiono PROCEED TO
CHECKOUT y ya no hay marcha atrás. Es más, me entretiene sobremanera buscar
zapatillas a otros amigos que aún desconfían de las cibercompras. Sin ir más
lejos, mi hermana acaba de estrenar unas Saucony Triumph 8 por menos de 60
euros, aunque no es ella precisamente ejemplo de temor a las compras por Internet. Good purchase?
En fin, que estas blanquitas han venido para esperar, han de
tener paciencia y aguardar su momento. Se sentirán raras entre tantas guerreras,
curtidas ya la mayoría. Todas tienen que aguardar a que de una vez pueda
calzarlas, ensuciarlas, reventarlas y así todos seremos más felices.