2 semanas para la cita del año y casi desearía que no
llegara. No me interesa el final del camino, sino el propio camino. Me estoy
divirtiendo de lo lindo. Preparar un ultra es mucho más entretenido que una
media o una entera, da igual. El entreno se basa en concentrar kilómetros a
tutiplén, miles y miles de metros
disfrutones, sugestivos . Cierto es que
estaré algo más lento de lo que acostumbro, pues las series están olvidadas,
pero en absoluto puede decirse que la calidad esté siendo mermada. Dios, miro
alrededor desde mi terraza y todo, absolutamente todo el sistema montañoso que
diviso lo he recorrido pateándolo.
Obviamente, no incluyo la alta montaña, que por lógica a estas alturas
siguen bien cubiertas de nieve e invadidas por esquiadores.
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Los imponentes Alayos |
Planificar un ultra es complicado y seguramente los más
puretas que conozcan nuestro sistema encontrará lagunas y deficiencias en la
forma y en el fondo, pero nos da igual. En esta aventura estamos metido 4
amigos, pero cada uno se busca la vida como puede de lunes a viernes para meter
kms, cada uno con sus quehaceres e idiosincrasia personal propia. Pero llega el
domingo. Y el domingo es grande. Algunos se acicalan y se van a los bares. La
gente ya no va a misa los domingos, ¿no?.
Muchos no son personas hasta el mediodía, desperdiciando medio domingo
sobando la mona. El domingo es el día para sentirse vivo. Levantarse temprano
de un salto y sin siquiera mirar por la ventana vestirte con determinación,
desayunar y salir a disfrutar de estos vergeles que tenemos a nuestro
alrededor. Corriendo. No puede ser de otro modo.
Hoy han caído casi 42 kms que podrían definirse como mixtos:
hemos tocado un poco de asfalto y ciertamente empiezo a odiarlo. Todo duele más
cuando corres por asfalto, la espalda se carga más, las rodillas gimen… Hemos vuelto a toparnos con la lluvia, con
granizos, con charcos. Este ha sido sin duda el año de la lluvia, el año que
más he corrido y más me he mojado. El caso es que entre tanta ultra-tirada y
alguna carrera de trail intercalada estamos cogiendo un puntito muy bueno, la
verdad. Hoy he decidido apretar el ritmo a partir del km 32, más o menos. He
decidido comprobar si mi cuerpo podría ponerse a ritmo alto después de subir y
bajar casi 1600 metros acumulados. Y sí he podido, tampoco me he matado,
obviamente, pero alcanzaba los 4’20’’/km con relativa comodidad. El trabajo
está hecho. Al cuerpo se le ha enseñado a sufrir y todos llegaremos fuertes de
mente y dejando a un lado a las temidas lesiones –tocaremos madera. Ahora toca relajar los músculos y hacer acopio
de fuerza mental , estiramientos, pocos kilómetros y buena alimentación. Allá vamos.