Me siento confundido. Mi yo
corredor se halla en una posición indeterminada, inconsistente. Alterno
sensaciones de euforia y confianza con otras de cautela y temor. Quizá esté
atravesando el inevitable período de transición que se vive tras una lesión.
Siendo honesto, no lo sé, nunca antes había tenido una pesadilla tan larga.
La semana pasada volví a las andadas. A las buenas, me
refiero. El martes decidí volver a experimentar el sufrimiento de un
entrenamiento. Con la impagable compañía
de Antonio volví a reencontrarme con las series. Y a toparme con la crudeza. La
realidad. Nos dirigimos a la mágica cuesta de Gomérez , ante la majestuosa e
insinuante presencia de la Alhambra. Cuestas. Buenas sensaciones en general,
potencia pero exenta de fondo y kilómetros. Sufrimiento y agonía pero en dosis
adecuadas.
El miércoles, mountain bike. Tocaba estrenar mi nueva burra,
aunque visto lo visto mejor hubiera sido optar por hacerlo solo. Me acompañó
Dolph, esa criatura engendrada en el infierno. Soy un auténtico y monumental
paquete a lomos de una bicicleta de montaña. El Llano de la Perdiz fue testigo
de mi colosal torpeza y falta de destreza y confianza necesarias para practicar
esta disciplina deportiva. Las comparaciones son odiosas, pero si Dolph es un
hábil jinete a lomos de un pura sangre, yo soy un torpe y cobarde mulero. Los
descensos por veredas y trialeras están a años luz de mi precaria destreza. ¿Me
merezco realmente esta magnífica bicicleta?
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Mi Cube Reaction GTC Race 29'' |
El viernes disputé la X Carrera Nocturna Ciudad de Atarfe.
8.600 metros para volver a tomar contacto con la experiencia de competir.
Sufrir, apretar dientes, contener el vómito… Luchar. 33 minutos que me supieron
a gloria. ¡Qué misterio! El cuerpo debe de tener memoria, porque los kms caían
siempre por debajo 4’/km, si bien en alguna rampa que otra el 4’20’’/km era
impepinable. Los dos últimos kms fueron una auténtica hemorragia de dolor y
sufrimiento. Qué cojones le eché, sí señor. Sin entrenar apenas, hice un minuto
más que hace dos años en la misma carrera. Aún no puedo entenderlo. Y mi
rodilla derecha, ni mú. Mi hermana debutaba en una carrera en Granada y en apenas unos meses que lleva corriendo hizo la nada desdeñable marca de 42'. Si sigue así, pronto estaremos disputando codo a codo el primer puesto deportivo de la familia.
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Minutos antes de la X Carrera Nocturna de Atarfe. |
Ayer, embriagado de euforia y autoestima, nos lanzamos a hacer
la ruta que solemos llamar “La Ruta de los Miradores”. Barranco del Abogado,
cuestas Gomérez y Chapiz, miradores, Albayzín… ¿Qué puedo yo aportar que no
esté ya implícito en esos nombres? Para colmo, uno de nuestros acompañantes –el
amigo Onio- , queriendo dejar claro que está fuerte y que quiere candela, nos
exige desde el principio. Como soy testarudo y orgulloso por naturaleza, había
que entrar al trapo. Y entramos, claro. Subimos como fieras y nos vaciamos,
literalmente. Por la noche, dolor en la rodilla. Hostia directa. “Straight to the face”.
Mañana tengo una oferta que no sé si podré rechazar. Txomin -¡que acaba de hacer 37 minutos en un diezmil!- me ofrece acompañarle para hacer un puñado de miles antes de su participación
en la Media Maratón de Granada, prueba que me perderé con todo el dolor de mi
alma. La pierna responde mejor a ritmos altos, ¿pero debo hacerlos? ¿Me voy
otra vez a intentar domar mi burra? Esta inestabilidad física y emocional me
está volviendo loco.