Dice un proverbio chino que corriendo solo llegarás más
rápido, pero si lo haces acompañado llegarás más lejos. Pues bien, yo digo que
no habría ido más veloz si el pasado domingo hubiese corrido solo pero que no
habría llegado donde llegué si no llego a ir acompañado. No, no estoy tratando
de hacer jueguecitos morfosintácticos. Estoy hablando de algo que trasciende
todo lo que sea capaz de escribir en un puñado de líneas, de algo inenarrable
que tuve la inmensa suerte de experimentar hace un par de días: correr la
maratón de montaña Emotion Extreme, en Jaén.

42 kms de agonía y éxtasis. Día inolvidable, meteorología
perfecta y ajustada para el gusto más pureta de los corremontañeros: llovizna,
bruma, niebla, rachas de viento en las cimas… La definición del trail running.
Cortafuegos, descensos técnicos –con cuerdas y piedras pulidas resbaladizas - y
otros no tanto, a pesar de que la organización se empeñaba en advertirnos de su
peligrosidad –cosa que nunca sobra-, bosques, senderos, chaparros, guijarros
afilados… y rampas. Rampas dantescas. De ésas que te obligan a caminar casi a
cuatro patas, a agarrarte a raíces y piedras para lograr el impulso que tus
piernas y tu corazón ya apenas te pueden otorgar, de ésas que cuando mirar
hacia arriba en busca de la siguiente baliza rojiblanca, ésta parece estar
incrustada en el mismísimo cielo. Rampas de las que duelen y te matan.
Cuando los veteranos corredores montañeros te avisan de que
esto hay que tomarlo con calma se quedan cortos. Cuando te advierten que estas
carreras son largas, te percatas de que no es un adjetivo apropiado. Es otra
cosa. No es una carrera. Es una aventura apoteósica. Eres tú: una mezcla de tu maltrecho cuerpo y tu
traicionera mente son los que inician un viaje hacia lo desconocido en un
entorno mágico, una película que representa un impulso vital en medio de una
tierna hostilidad.
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Coronado el pico Jabalcuz (1640mts) |
rHan pasado dos días y el embrujo se torna irreversible. Ya
nada será lo mismo tras haber corrido una maratón alpina. Ya no habrá distancia
ni ciudad alguna que me subyugue como lo hicieron esos montes. Atrás quedan la
Mella o el pico de Jabalcuz, vencidos pero impertérritos, testigos vivos de la
hazaña de 71 valientes que se atrevieron a desafiarles. 71 historias personales
entrelazadas por esos senderos y pistas. Historias de corredores rápidos y
lentos, fuertes y más débiles, solitarios y acompañados, primeros y últimos, todas distintas pero todas con idéntico final:
el de la fortuna de haber estado allí.



No sería de justicia no hacer mención a la influencia que
para mi devenir actual en el trail han tenido mis compañeros de las tiradas
dominicales, todos sin excepción hacen que los domingos se presenten como el
incentivo a corto más plazo más deseado de la semana. No puedo obviar a
ninguno, pero debo agradecer especialmente en esta ocasión a Hugo, trail runner
convencido y convincente: él me animó a inscribirme a esta prueba pese a mis
dudas, él me marcó el paso en todo momento, me ayudó en los momentos críticos y
me acompañó durante 5 horas y media en esta fantástica odisea. Sin lugar a
dudas, él podría haber rebajado un buen puñado de minutos al crono, mejorando nuestros puestos 11 y 12 en la clasificación, pues cuando
todos debemos ascender las rampas apoyándonos en nuestras rodillas, él lo hace
como si paseara por el parque con una facilidad pasmosa. Es la segunda carrera que hacemos juntos y lo
cierto es que he descubierto algo que desconocía. Exceptuando alguna media
maratón que he corrido acompañado por Txomin y Antonio, correr codo con codo y entrar en meta con un
compañero engrandece aún más esta experiencia.
Y toca el apartado de las enhorabuenas, un tópico obligado hoy:
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Felices y silvestres |
A Antonio “Dolph” por su impresionante
2º puesto, que refleja el estado de las cosas, ni más ni menos (que juega en
una categoría distinta a la mía), a Antonio Sánchez por haber sufrido como nadie y
triunfado al mismo tiempo, entrando eufórico y con ganas de repetir. A nuestras niñas, Nuria y Carmen, por haber sabido apreciar la belleza del trail, participando en la edición de 16 kms. Y por
supuesto, no podemos olvidar al compañero que perdimos hace unos meses en un
desgraciado accidente y que ha puesto nombre a esta prueba, gran amante de la
montaña y la enseñanza: Víctor Araque: la montaña guarda tus huellas.
Próxima gran cita: Jarapalos, 16 de noviembre. 44 kms. 5200
metros de desnivel.