sábado, 23 de febrero de 2013

Uno de tantos




La inactividad que sufre este blog no se debe en ningún caso a un cese de actividad deportiva. Sigo entrenando, planificando el horizonte. Más bien obedece a un estado generalizado de apatía sumado a un pequeño bache que ha mermado mi confianza. Así es este deporte y así soy yo. Del todo a la nada en un abrir y cerrar de ojos.  Es difícil racionalizar en malos momentos, qué duda cabe, pero con el paso de los días las piezas van encajando y voy entendiendo las respuestas físicas en determinados momentos.

 El domingo pasado corrí un 10K. Fue en Albolote. Hice una marca de 37’ 44’’. Lo de la botella medio llena o medio vacía no funciona para mí. Simplemente, es una mala marca, aderezada de malas sensaciones y negatividad.  Me ha tenido preocupado varios días, pero ya no más. Sé que puedo rebajar casi dos minutos, que mi marca está en torno a 36’.  A veces los corredores decimos que aparte de todo el entrenamiento  y alimentación correctos, se necesita “tener el día” para que salgan bien las cosas. No tuve el día, es más, tampoco “tuve los días anteriores”. No llevé la mentalidad necesaria ni el descanso requerido. Llegué cansado, física y anímicamente, y el resultado fue el que fue.  No obstante, una mala marca nunca puede ser óbice para dramatizar como yo hice, para replantearme este deporte, si debo o no competir, para aceptar que entre todo el universo de corredores populares yo soy, llanamente, uno más del montón y que hay otros mucho mejores.


  He pasado una semana renqueante,  apenas he corrido y tampoco he tenido ganas, pero mañana toca faena de las buenas. Y tengo ilusión y ganas. Me da igual el puesto que obtenga, sólo quiero tener buenas sensaciones, y “disfrutar sufriendo” por los montes en la V CxM Los Guájares. Casi 30 kms de puro trail con un desnivel exigente en la que será la 1ª prueba de la Copa de Andalucía. Nada mejor que correr por la montaña para recuperar las ganas y la ilusión. Hay un montón de inscritos, va a acudir la élite del trail español (hermanos Mudarra, Iván Ortiz, etc etc) y ahí estaré yo y sin duda seré de nuevo y solamente uno más de tantos.

domingo, 27 de enero de 2013

Txomin Desencadenado en la 18ª Media Maratón de la Cartuja (SEVILLA)


Pues hemos vuelto con nuestros escudos. No intactos, algún mandoble que otro nos ha caído, pero enteros al fin y al cabo. Antonio siempre nos dice que volvamos de una carrera con nuestros escudos o sobre ellos.
Hoy ha sido uno de los días más atípicos que he tenido como corredor. Una experiencia ciertamente extraña y sin un ápice de cinismo afirmo que tengo un regusto dulce… pero no tanto.  No es atípico meterte casi 500 kms en total para correr una Media Maratón; muchos lo hacen e incluso más distancia. Tampoco es atípico levantarte a las 6am para correr 21 kms; muchas otras veces lo he hecho y una infinidad de corredores saltan de sus camas los domingos para irse a trotar a otras ciudades. Lo que es atípico es afrontar los últimos 200 metros de carrera y no tener ni idea de la marca que vas a hacer. Empezaré desde el principio.




Mañana ideal para correr: ni una pega al tiempo: nublado, 10 grados. Ágil recogida de dorsales, fácil aparcamiento, tiempo de sobra para calentar, bien desayunados e hidratados. Primera crítica, extensible a la mayoría de carreras populares: esto de las carreras populares ciertamente son cada vez más populares; quiero decir que a falta de 5 minutos para dar la salida teníamos a no menos de 300 corredores por delante del arco, haciéndose los remolones, haciendo caso omiso al speaker, que amablemente los animaba a situarse en el lugar adecuado. Todos queremos salir bien posicionados, pero no es de recibo tener que sortear a un montón de gente cuyas pretensiones son bastante más discretas de lo que denotaba su posición. Un poquito de respeto y de sentido común.



A pesar de este contratiempo, sorteando bicicletas y público por el carril bici izquierdo, Txomin y yo marcamos el primer mil en 3’49’’. Segundo revés: ¿dónde está el km 2? Cuando lo sobrepasamos, resulta que mi reloj marca 8 minutos. Luego hemos bajado el ritmo, pero las sensaciones no son de ir más lento en absoluto. Está mal colocado, seguro.  Miro al frente y procuro que esto no me descentre. Sé que voy por debajo de 4’/km.  Así seguimos hasta que me topo con mi tercer traspié: hacia el km 6 miro el cronómetro (comprado en Sprinter, 5 euros) y se ha parado, marca 30 segundos. No responde. Genial. No sé qué tiempo estoy haciendo. Me sobrepongo y confío en que voy suficientemente rápido. Tengo buenas sensaciones y la suficiente frialdad para idear un plan: supongo que caeré en algún momento de la carrera, que me vendrá el bajón, que no estoy fino aún, todos los malos augurios me invaden, así que decido atacar. Sí, atacar, comandar el grupo de 10 ó 12 corredores que vamos bastante parejos y “hacer de liebre” a Txomin. La gasolina me dura hasta el 14, donde evidentemente la fatiga empieza a hacer estragos: cuádriceps tocados.  En mi mano derecha, un gel despachurrado a punto de extinguirse. A sufrir toca. El grupo se disgrega: la mitad avanza con Txomin al frente y la otra parte se queda rezagada, conmigo peleando con otros 3 ó 4 corredores que van dando ataques puntuales. Decido contemplar el Guadalquivir, abstraerme de mi sufrimiento.  Agonía en el 16. ¿Cómo coño iré? Resisto las ganas de preguntar y decido seguir adelante, irremisiblemente vaciándome.

Km 17. Pienso que me quedan 2x2000. 10 vueltas a la pista de atletismo. Es lo que tienen las series. A pesar de pensar todo lo posiblemente pensable, a pesar de la mentalización positiva, a esas alturas de carrera ya vas cascado y penando de lo lindo. A pesar de todo, aquí sale el entrenamiento y doy absolutamente todo lo que llevo dentro. Mantengo a Txomin a unos 150 metros por delante. El Estadio Olímpico. La bocana de la puerta Este, creo. Falta la bajada oscura y un 400. A tumba abierta y a todo esto sin tener ni puñetera idea de mi marca. Calculaba 1h 24’ y sólo hasta que afronté los últimos 200 metros no pude divisar el marcador del tiempo oficial: entraría en 1h 22’. Sorpresa, alegría, resignación (otra vez). Sprint y a la meta, rebajando 18 segundos mi MMP. El desencadenado Txomin, que está absolutamente intratable en todos los terrenos y disciplinas, ya sea montaña, asfalto, series, bicicleta… ha conseguido entrar por debajo.

La conclusión a estas horas sigue siendo la misma que cuando vi mi crono: contento por muchas razones obvias, sobre todo tras tanto tiempo sin ritmo de competición.  Contrariado por lo que he sufrido, por lo que sé que me queda por sufrir para lograr los 80 minutos. Pero como siempre, subyace la ilusión de seguir mejorando, y la reconfortante certeza de saber que todo lo que logramos es fruto de la perseverancia y el esfuerzo. Nosotros venimos sembrando desde hace tiempo esta cosecha a base de duro trabajo.
Seguimos.

martes, 22 de enero de 2013

Highs and Lows (ALTIBAJOS)


             No llevo la cuenta de las medias maratones que he disputado desde que en 2007 debuté en la distancia. Diría que bastantes. Cada una con un sabor distinto: dulces, amargas, muy amargas…Cada una una historia distinta. Sé que la del próximo domingo será especial también por muchas razones: porque será la primera tras mi lesión del pasado mes de marzo -¡casi 11 meses!  y porque ciertamente no las tengo todas conmigo. He estado entrenando bien y  en absoluto adolezco de falta de ilusión pero muy dentro de mí sé que no estoy en mi mejor momento y que por tanto no debo hacerme demasiadas ilusiones. Hago bien –muy bien- las series, pero es que en ellas me siento como pez en el agua: tengo explosividad y además lo doy todo; he cargado entrenos largos por montaña que me han proporcionado potencia y confianza en cuanto a volumen kilométrico. En definitiva, he hecho bien las cosas pero siento que no es suficiente, presiento que me falta tiempo y que esta Media Maratón de la Cartuja llega demasiado pronto.


            El pasado domingo, cuando bajaba de Pinos Genil  a 3’50’’/km mi cuerpo y mi mente me enviaron señales desalentadoras. Había que hacer al menos 7 kms por debajo de ese ritmo y ciertamente supe desde el primero que no era el día. Los cuádriceps se quejaban al levantarse y el resuello era vertiginosamente agónico. No había poderío en la zancada ni frescura en la cabeza y al final sólo dos de mis 7 miles acabaron por debajo de 3’50’’. En fin, cansancio llaman a eso. Ayer descansé y hoy he corrido 10 kms a 5’15’’. Joder, casi se me olvida lo feliz que se puede sentir uno rodando por encima de 5’/km.  Casi olvido que me gusta correr, porque no puede ser que cada vez que uno se calza las zapatillas salga a hacerse daño.  No obstante, siempre entendí correr como necesidad, no voy a decir solamente que me hace sentir libre, mejor persona, más solidario, bla bla bla bla… No voy pecar de cinismo: soy un puto “yonki-runner” que solo se acuesta en paz si ha castigado previamente el cuerpo.

          En fin, que tengo clara una dicotomía dentro de mí: disfruto corriendo en la naturaleza, esa es la esencia del correr para mí: montes, árboles y yo en medio; pero por otro lado me gustan las medias, me gusta la velocidad, me gusta ser más rápido y patear el asfalto y para ello no me queda más remedio que seguir machacándome hasta sentir ese ardor tan peculiar en el estómago. Hasta que consiga bajar de 1h22’, que no será el próximo domingo.

domingo, 13 de enero de 2013

Ésto no es entrenar.


Se notaba en el ambiente. Hoy había sensaciones de felicidad compartidas, chispas de triunfo en el aire y sonrisas de complicidad, especialmente cuando justo enfrente de la Ermita Nueva de Dílar íbamos llegando al km 25, finiquitando ahí nuestra épica tirada montañera dominical.

Coronada la silleta del Padul: Antonio, Hugo, servidor y Txomin.
Algo debemos tener los corredores en general, un ápice de locura que transmite incredulidad y asombro al resto, cuando a las 8 de la mañana, desafiando a una inmensa de tromba de agua y un frío considerable, amén de unas predicciones de nieve y tiempo desapacible en general, abandonamos el calor de la cama para echarnos al monte a correr.



Víctor, Antonio, servidor, Txomin, Maga y la cola de Willy.
Antonio, Hugo, Txomin, Víctor y un servidor hemos sido los cuatro “humanos valientes”, acompañados por los juguetones Maga y Willy, los dos labradores que a este paso se convertirán en expertos en trail-running. Decir que hemos disfrutado es insuficiente. Ha sido uno de esos recorridos tan variados, duros y rompepiernas que te hacen pensar que el tramo anterior ha sido una vaga ensoñación experimentada cualquier otro día. Barro a tutiplén, subidas por senderos revirados duros, nieve virgen, ventisca, lluvia, bajadas bonitas –no demasiado técnicas, aunque dificultadas por nuestros acompañantes caninos, con ganas de juerga-,  y en definitiva un sinfín de momentos de disfrute al máximo nivel. Mirar sobrecogidos al entorno que nos envolvía hacía que la carga de endorfinas se saturase y explotase a nuestro alrededor, creando un aura de goce sin parangón. Cada senda coronada con perseverante esfuerzo, cada roca esquivada ágilmente y la perspectiva del camino venidero nos insuflaba una fuerza descomunal en las piernas. Simple y llanamente, ganas de correr, de pisar el camino con vehemencia, de saltar raíces… Un paseo inolvidable por estos vergeles que circundan nuestra ciudad en la mejor compañía, como es habitual.

Un paso más para nuestro proceso de endurecimiento mental y físico hacia el 101km de Ronda, aunque con jornadas tan placenteras como ésta no tengo tan claro que el sufrimiento se entrene. Esto no es entrenar, es hacer lo que nos apasiona. En cuanto a la planificación venidera, vamos a seguir introduciendo la imprescindible sesión semanal de series, alargando progresivamente nuestras salidas de fines de semana, hasta que hagamos rutas de hasta unos 50 kms  (5 ó 6 horas), para adiestrar a nuestro organismo para los rigores de la fatiga y acostumbrarnos a alimentarnos en el trayecto. En el camino hacia Ronda, aparecen medias maratones ( la de la Cartuja dentro de dos semanas), diezmiles (los que podamos correr de Diputación), maratón de Sevilla en el caso de Txomin, trail de los Guájares y Sierra de Huétor, entre otros. Muchas horas de diversión por delante. El horizonte se presenta divertido en este 2013, y es que apenas hayamos concluido el 101 (porque lo terminaremos con éxito) ya estaremos mirando a 3.400 metros de altitud: la imponente figura del Veleta nos llama.

domingo, 23 de diciembre de 2012

¡NOS HA TOCADO! Objetivo 101 Ronda.


Ni un solo euro. Ni un miserable reintegro. Nada de nada. Un año más, seguiremos pagando la hipoteca y haciendo más números si cabe debido a los últimos recortes de mis adorados políticos. Sin embargo, siento una felicidad desbordante, porque la mañana del sábado 22 de diciembre de 2012 había otro sorteo en liza: obtener plaza para correr el 101 de Ronda. ¡Y lo logramos!  Fuimos afortunados gracias a la perseverancia y tozudez de Txomin –que estuvo literalmente a 4 manos, con el iPad y el portátil-, finalmente a las 10:50 mi código entró en el sistema de la página web del 101 de Ronda, completando así las inscripciones válidas de Antonio y el propio Txomin.

Vista la complicación del asunto, y el enorme número  de participantes que lo intentan cada año con resultado infructuoso, teníamos motivos de sobra para estar contentos. Mientras nuestro compañero nos inscribía a la prueba, Antonio y yo hacíamos una bonita ruta de 18 kms por el Llano de la Perdiz y alrededores. Sabíamos que a las 10 se abría el plazo y que cabía la posibilidad de quedar fuera, pero había que correr, sí o sí. Mientras caían los kms, Txomin nos iba informando de los progresos. ¡Qué mañana!  Vislumbrábamos ya los puentes de piedra cuando se confirmó la realidad: estábamos inscritos para correr el 101 de Ronda. Sentí algo muy profundo, difícil de etiquetar con un calificativo superficial. Choqué las manos con Antonio y nuestras mentes empezaron a trabajar a ritmo frenético: qué zapatillas llevaremos, qué planificación haremos, ¿haremos unas camisetas conmemorativas?, qué elementos serían imprescindibles en nuestro “neceser”…

Sé que el horizonte ha cambiado. Sé que fijar este objetivo modifican los 5 meses venideros, que van a exigirme horas de dedicación, trabajo mental y motivación a raudales. No nos va a faltar. Estamos seguros.  Ya mismo estamos haciendo tiradas de 7 ú 8 horas, alternando correr con caminar, aprendiendo a comer en carrera, a conocer qué nos va bien y qué no, a curarnos ampollas en el momento, a mirar hacia delante cuando la mirada sólo quiera ver el suelo, a entendernos. Como deberes, aparte del lógico duro entrenamiento físico, me he planteado unas cuantas lecturas ultrafondistas motivadoras y dejar ciertos hábitos contraproducentes. Trabajaré concienzudamente el cuerpo y la mente.
Las pistas de atletismo de Atarfe el pasado miércoles.

Los cortafuegos.
Pero para eso quedan 5 meses. Para llegar bien a la cita del año, disfrutaremos de trails, medias maratones, diezmiles y cuanto se tercie atractivo y asumible para nuestro calendario. Seguiremos siendo fieles a nuestra cita semanal con las pistas, seguiremos pedaleando –como hoy, magnífica y dura ruta por el Llano camino de Quéntar-, seguiremos pateando la Silleta del Padul –ver imágenes del pasado domingo- la Loma de Dílar, Cumbres Verdes, la Sierra de Huétor… Tenemos un paraíso al alcance de nuestra mano. Sólo mirar alrededor y descubres el DEPORTE con mayúsculas.

Libertad, sensaciones a flor de piel.
Cientouneros ascendiendo.
La Ermita Vieja de Dílar.




¡Felices fiestas a todos! *Yo celebraré la mañanabuena corriendo, como no podría ser de otra forma.

domingo, 2 de diciembre de 2012

De vuelta al Cerro Huenes


      No se puede decir que hoy haya sufrido como un perro, porque Willy –el Retriever de Víctor- ha disfrutado de lo lindo. El lugar de tan encontradas sensaciones ha sido el mismo que me mortificó meses atrás: el Cerro Huenes.
¡Describe esto!




Into the White
       Sí, he vuelto a la montaña. He incumplido mi intención de no practicar trail hasta enero, pero es que sabiendo de antemano los planes e intenciones de mis compañeros, viendo el frío reinante y la blancura del Trevenque, ¡cualquiera se queda en casa!  Siendo sincero, hoy no he disfrutado casi nada, si bien mi primer objetivo está de sobra cumplido, y es que no ha habido molestias en mi rodilla derecha. A decir verdad, hoy no he sentido ni miedo a recaer porque cuando vas atrancado, con las piernas como bloques de cemento y la caja renqueante sólo te queda mirar hacia abajo y esperar que el calvario cese.  He sufrido mucho.
Dolph, Txomin, Antonio, Víctor, Onio, Willy
Los antecedentes sucedieron la tarde del viernes,  cuando a Antonio, Onio y a mí se nos ocurrió hacer nuestra “Ruta de los Miradores”, recorrido urbano de belleza y dureza sin parangón, que abarca muchos puntos emblemáticos de nuestra capital nazarí. Si ya es dura de por sí, a Onio se le ocurrió incluir una variante sorpresa que consistió en una infernal cuesta en la que casi tuvimos que ponernos a cuatro patas. Después vendría el Chapiz, el Albayzín, Gomérez, etc. Acabé cansado. Cansado con todos los matices que tiene esa palabra. Además, con las defensas bajas, tembloroso y con unas molestias en el estómago que me tuvieron todo el sábado pegado a la porcelana. Y con la garganta tocada. Y con una puñalada en el gemelo derecho.
El Puente de los 7 Ojos

      Pero hoy había que estar ahí, claro que sí. Ahí nos hemos congregado un buen grupo de chalados a las 8 de la mañana, con una temperatura de -2.5ºC.  Desde el primer momento he sabido que no iba bien. Me he colocado en la retaguardia, con el móvil presto para tomar instantáneas de la ruta, pero había un problema: delante llevaba a 5 tipos y un perro con ganas de fiesta. Transcurría el sendero, sorteábamos piedras, seguíamos ascendiendo a buen ritmo y definitivamente no me llegaba ese momento en que parece que te desatrancas, cuando de repente sientes el ritmo en tu cuerpo y tus piernas te piden rock and roll. Nada, me he quedado al final del grupo viendo cómo Willy danzaba alegremente a nuestro alrededor y Dolph y Txomin hacían alarde de su tiránica hegemonía,  Onio con una ligereza pasmosa, y Víctor y Antonio subiendo constantes y seguros. No había manera. Hoy no era día para machadas. Y bien sabemos que no me gusta quedarme el último.

      Después llegó la bajada, con algunos tramos casi verticales, donde a Lundgren ni se le ve. Simplemente cuando el sendero pica hacia abajo, él desaparece de tu horizonte. Yo he puesto mi ritmo, sabedor de que no soy precisamente hábil bajando, teniendo cuidado con los apoyos. El sendero es sublime, con hielo que se insinúa por momentos, nieve que amortiguaba nuestras pisadas, piedras y raíces obstaculizando nuestro paso, giros revirados de 180º, piedras sueltas… Un auténtico trazado para amantes del trail.

       El tercer tiempo, como suele ser habitual: unos huyendo a todo trapo y los más hedonistas,  metiéndonos tres cervezas con sus correspondientes tapas, como tiene que ser. A pesar de todo, una mañana extraordinaria, y es que 16 kms de montaña te dejan un buen regusto, independientemente de cómo te hayas encontrado.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Tartán: Infierno y Cielo


     Empiezo a sentirme vivo como hacía ya mucho tiempo. Otra vez se han amplificado mis sentidos, las sensaciones son más vívidas y los colores – a pesar de este gris lánguido que nos invade- se han intensificado.  De nuevo he recuperado un rumbo que parecía abocado a la inevitable colisión. Me he sacudido el soporífero letargo que me invadía y me he echado a la calle a vivir. A ser yo.
Sé que las molestias no han desaparecido al 100%. Sé que debo ser prudente y no hacer cafradas que me condenen de nuevo a la lesión, y que no estoy tan en forma como debería a estas alturas de año: noviembre es mi mes por excelencia. Invariablemente, todos los años alcanzo mi pico de forma óptimo a finales de noviembre. Sé que me he perdido carreras de todo tipo, que me voy a perder otras tantas, que el dorsal tendrá que esperar, junto con toda esa amalgama de sensaciones que transmite colocarse bajo el arco de salida, esperando el pistoletazo. Seré perseverante y mantendré firme mis dos propósitos por ahora: no competir y no correr por montaña.


       ¡Pero he recuperado tanto! En apenas un mes he vuelto a introducirme en la espiral vital que sólo se siente cuando uno está entrenando duro. Casi sin proponérnoslo, hemos vuelto a crear una ilusión colectiva en torno a un grupo con una motivación exultante.  Ahora soy yo y mis compañeros de fatigas.  Ya planificamos, debatimos de entrenamientos y zapatillas, de ritmos, de futuras pruebas, ya soñamos.
 He oído a gente decir que machacarse sin ningún objetivo a la vista es absurdo, que basta con trotar para mantener el tono aeróbico. Yo no concibo eso. Yo necesito sentir el veneno circulando por mis piernas, sentir el pecho vacío y la euforia danzando a tu alrededor tras un duro entreno. Es casi inexplicable, pero me atrevería a decir que el entrenamiento que más me gusta es el de series. Cuando uno se levanta a las 6 de la mañana sabiendo que ese día va a hacer series con sus compañeros, todo adquiere un sentido y una relevancia especial. El día está especialmente moldeado y adaptado para tu hora y media de tortura, desde tu jornada laboral hasta tu alimentación, pasando por tus relaciones personales. Todo es trivial, porque ese día vas a hacer series.  Una sesión de pista tiene tres fases:

a) PREVIO: conduces con Soilwork a buen volumen, juegas con los pedales del coche como si tocases el doble bombo, rascas el volante simulando un punteo imposible… Vas motivado. Aparcas, bajas del coche, recoges tu mochila, miras la pista. Sus potentes focos intensifican el rojo del tartán. Empiezas a caminar hacia ella, adentrándote en el recinto. De repente, no te apetece correr, no quieres sufrir, te flojean las piernas… Todo ello se hace más intenso cuando te vas despojando de la ropa mientras intercambias soflamas e impresiones de resignación con tus compañeros, del tipo: “Bueno, venga, coño, a por ellas… Cabeza, cabeza, ¡y un par de huevos! Las series se hacen con cabeza y cojones”; “No tengo ganas de correr hoy… me duele todo, tengo ardor…” . Indudablemente,  es una fase dominada por el MIEDO.

b) TORTURA Y DISCIPLINA: Tras un trote lento y torpe que te hace ser consciente de que te duelen 
todos los músculos y vas mascullando “es imposible que en un rato me ponga a 3’40’’, un último trago de agua, ajuste de cronos y te ves en la calle número 1, con tus compañeros mirando fijamente sus muñecas. Una vez das la primera zancada, todo se acabó. La realidad pierde su sentido y otra dimensión te da la bienvenida. Ya estás dentro.  Son 3x2000 esta vez, 5 vueltas cada uno. Pasas el 400 en 1’27’’ y haces tus cábalas. Sólo está tu dolor y el de tus compañeros. En el segundo 2000 la zozobra te nubla y en la tercera vuelta te quieres rendir, pero no sabes de dónde sacas lo necesario para acabar. Cuando te resta una última repetición ya  empiezas a sentirte satisfecho. Sólo entonces tienes la certeza de que acabarás.

c) RECOMPENSA: La recompensa no llega cuando terminas. No. Llega cuando tienes las agallas de empezar la última serie, cuando sepultas tu ardor, tu debilidad de piernas y tu inseguridad. Todo queda atrás y sacas el demonio que llevas dentro para darlo todo. Aprietas los puños, abres la boca para recibir todo el aire que puedas, aunque no sabes si te entra. Caen los 400, los 800, los 1200, los 1600 metros… y en el último 400 te tiras a tumba abierta hacia un éxtasis que no estás dispuesto a dejar pasar. Lo buscas y lo logras. Llegas sin resuello, te agachas, amagas con vomitar…
Vuelves a casa con Soilwork de nuevo. Suena mejor que nunca. Me gustan más que nunca. El sonido te parece mejor producido que nunca. Mientras abandonas el recinto deportivo, echas una última mirada de soslayo por el retrovisor a la roja pista… El infierno y el cielo en una superficie de asfalto, caucho y plástico.

        Con un entrenamiento duro –ya sean series, intervals, ritmos controlados, tiradas largas, etc- no entrenas tu forma física: entrenas la disciplina, el valor, la tolerancia al dolor, el esfuerzo para lograr una recompensa, entrenas para la vida.