miércoles, 14 de noviembre de 2012

PAPEO RUNNING





Por iniciativa del maratoniano canario Gonzalo Quintana en su blog www.sosakurunner.blogspot.com , y aunque sea un tema bastante manido ya, he decidido hablar de comer, porque sencillamente no correríamos si no comiéramos. ¿Comemos bien los corredores populares? ¿Comemos mucho? ¿Nos obsesiona la alimentación? ¿Disfrutamos comiendo? Bien, estos y otros interrogantes son fáciles de responder desde lo que yo, como corredor y observador de otros, he podido corroborar. Empíricamente, pero extraído de una muestra de pocos runners , el resultado muestra a las claras que:

  1. Nos encanta comer.
  2. No nos obsesiona el tipo de alimentos a ingerir.
  3. Nos encanta la cerveza y su correspondiente tapa.
  4. No decimos que no a las bebidas destiladas (eso sí, esporádicamente... hummm).
  5. Algunos fuman.

Bien, hablemos en primera persona del singular. Yo concibo la alimentación como un placer. Parto de esa premisa y por supuesto trato de adaptarla a mis períodos de entrenamiento y a la tiranía digital de la báscula. Procuro cuidarme, moverme dentro de unos parámetros razonables; compenso los excesos y procuro comer de todo.
Analizando todo lo anterior, podría hacer un resumen-modelo de mi patrón alimenticio en un período “normal” con ciertas variantes en tiempos de competición y entrenamiento razonablemente intenso:

DESAYUNO: Café cortado; tostada con mucho aceite de oliva. Fruta. Como variante, tostada con Nutella o miel; galletas. Tortitas de avena y arroz a media mañana. Suelo tomar 2-3 cafés al día.

ALMUERZO: Imprescindiblemente incluyo pasta, arroz, legumbres, verduras a tutiplén,yogur, fruta, pescado y muy poca carne. Soy poco de carne, y además sólo magra. Pan, mucho pan, me chifla el pan. Todo combinado y repartido sensatamente a lo largo de la semana. En día de series, pasta o arroz a mediodía.

MERIENDA: No suelo merendar como tal. Me limito a tomar algo de fruta o zumo natural. Miel.

CENA: Proteínas tras entrenamiento exigente: tortilla de atún, carne a la plancha. Verdura: brócoli, guisantes salteados. Embutido. Bocatas (pertenezco a la cultura del bocata para cenar) .Frutos secos. Siempre queso de cualquier tipo. Soy capaz de comer fruta y queso al mismo tiempo. ¿Os he dicho que me gusta el queso? Fruta o yogur.


ALIMENTOS ESPECÍFICOS PRE-COMPETITIVOS y SUPLEMENTOS:

  • Copos de avena tipo porridge con miel: un pelotazo de energía antes de las carreras (y un potente laxante, cuidado).
  • Levadura de cerveza en escamas.
  • Multivitamínicos.
  • Jalea Real.
  • Recuperador mezcla de carbohidratos, aminoácidos y proteínas.
  • Geles energéticos (competición o tirada larga) e Isotónicos.

Pero como todo en la vida del corredor no puede ser ideal, y mi alimentación está lejos de parecerse a un modelo espartano, he aquí algunos de mis vicios, a los que, dicho sea de paso, no pienso renunciar dado el inmenso placer que me producen:

-Patatas fritas, saladitos rellenos, aperitivos salados de cualquier tipo ( Triskis, Kaskis y todo lo que acabe en “kis”).
-Embutidos (lomo, salchichón, chorizo...)
  • Cerveza y vino (aunque no creo en absoluto que sea negativo)
  • Seagram's con tónica.Algún Lucky Strike que otro.


En fin, resulta obvio que consumo el carburante que necesita cualquier corredor más o menos competitivo para soportar la carga de entrenamientos y competición, al mismo tiempo que sobran algunos excesos que posiblemente -y sólo posiblemente- perjudiquen mi estado de forma. Como podéis observar, tengo la inmensa suerte de que no me gusten los dulces, pasteles, bollería y demás marranadas dulces. Soy un tipo salado, nada empalagoso.
De todo esto, puede extraerse una máxima: Si algo funciona, ¿para qué cambiarlo?

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Perspectivas (MM Granada 2012)


No es lo mismo. Ni de lejos. Debuté en la distancia de los 21kms 97metros en el año 2007. En realidad, fue mi tercera “carrera”. Antes me había puesto un dorsal en dos ocasiones de la inigualable San Antón, carrera bandera de mi tierra. Era una época en la que aún corría con la indumentaria de fútbol sala, con las zapatillas que tuviese en ese momento, que como dije en alguna ocasión, nunca superaban los 30 euros.  Para aquella media ya me introduje en el inevitable fetichismo que conlleva el mundillo del running. Estrené unas Adidas Supernova Cushion 6, pantalón y camiseta decentes. Aquello me pareció una experiencia maravillosa. No entendía de ritmos, de marcas. La hice para terminar y disfrutar. Y vaya que si disfruté. Estuve una semana pensando que ya me podía morir, que había corrido 21 kms y pico sin parar. El ambiente, la incertidumbre previa y la llegada al arco de meta quedarán para siempre en mi memoria.
3000 almas invadiendo Granada

Desde entonces, he corrido todas las ediciones de la Media Maratón de Granada, con suerte muy dispar. Todas, salvo ésta, la de 2012. Por razones obvias derivadas de mi lesión y de mi actual estado de forma, decliné inscribirme en una prueba que siempre, absolutamente siempre, es dura, traicionera y bella. Bellísima. Por ello decidí probar la experiencia de acudir con mi paraguas a cubrir la llegada de mis amigos a meta. Acudí al estadio donde está ubicada la meta con antelación –puntualidad, puntualidad-, y vi llegar al primer clasificado en 1h11’. Y al segundo, un minuto después. Y al tercero, al cuarto, al quinto… Así estuve, tratando de reconocerlos, preguntándome si aquel cuerpo tan poco ortodoxo que entró en 1h23’ era aquel tipo de mi pueblo, antiguo portero de fútbol sala, orondo, cervecero y dicharachero. ¿Sería él? Más tarde, atónito, corroboré mis sospechas: era él. ¡Q      ué cabrón! En fin, uno tras otro entraban, levantaban las manos, otros acababan frustrados… Vi a mi compañero Txomin entrar triunfal con 1h 25’, haciendo su mejor marca, a pesar de que él quería más. Ese es el camino, me gusta esa ambición. Así estuve una media hora, hasta que no pude soportarlo más.

La grada no es mi sitio. Yo tenía que estar allí abajo, pateando el tartán, sufriendo en esos últimos doscientos metros. ¿Qué hago yo aquí? Sentía una extraña indigestión, sequedad de boca y en general, una angustia incontrolable. Bajé hasta los avituallamientos, a saludar a los héroes, a charlar de la batalla. Y comprendí. Los vi excitados, nerviosos, moviéndose y hablando a viva voz sin parar, bebiendo sus merecidas cervezas –yo también me bebía la mía, claramente inmerecida-. Estaban eufóricos. Gritaban. Hasta los más frustrados por sus marcas parecían fuera de sí. Estaban endorfinados. Olí el sudor, mezclado con ungüentos variados, olí el olor de la fiesta del corredor popular. Entendí todo. Como observador externo, pude empatizar con los que suelen vernos desde fuera cuando corremos. Es otro universo. Es otra cosa.

De todo esto saqué dos claras conclusiones:
1 – Diferencié claramente dos carreras: la de los 10 primeros y la del resto. Desangelada la entrada de los primeros, sin apenas emoción  ni alegría, quizá motivado por la “mediocridad” de sus marcas. Apenas exhibieron felicidad, euforia o satisfacción alguna. Los otros reían, lloraban, levantaban los brazos, gritaban eufóricos, se abrazaban, saboreaban su gesta, su esfuerzo, valoraban esos míseros segundos que habían arañado al crono. El running popular.
2- Mucho me temo que será mi última media maratón como espectador. O corro o me quedo en la cama.

martes, 30 de octubre de 2012

CONFUSIÓN


Me siento confundido. Mi yo corredor se halla en una posición indeterminada, inconsistente. Alterno sensaciones de euforia y confianza con otras de cautela y temor. Quizá esté atravesando el inevitable período de transición que se vive tras una lesión. Siendo honesto, no lo sé, nunca antes había tenido una pesadilla tan larga.


La semana pasada volví a las andadas. A las buenas, me refiero. El martes decidí volver a experimentar el sufrimiento de un entrenamiento.  Con la impagable compañía de Antonio volví a reencontrarme con las series. Y a toparme con la crudeza. La realidad. Nos dirigimos a la mágica cuesta de Gomérez , ante la majestuosa e insinuante presencia de la Alhambra. Cuestas. Buenas sensaciones en general, potencia pero exenta de fondo y kilómetros. Sufrimiento y agonía pero en dosis adecuadas.

El miércoles, mountain bike. Tocaba estrenar mi nueva burra, aunque visto lo visto mejor hubiera sido optar por hacerlo solo. Me acompañó Dolph, esa criatura engendrada en el infierno. Soy un auténtico y monumental paquete a lomos de una bicicleta de montaña. El Llano de la Perdiz fue testigo de mi colosal torpeza y falta de destreza y confianza necesarias para practicar esta disciplina deportiva. Las comparaciones son odiosas, pero si Dolph es un hábil jinete a lomos de un pura sangre, yo soy un torpe y cobarde mulero. Los descensos por veredas y trialeras están a años luz de mi precaria destreza. ¿Me merezco realmente esta magnífica bicicleta?
Mi Cube Reaction GTC Race 29''


El viernes disputé la X Carrera Nocturna Ciudad de Atarfe. 8.600 metros para volver a tomar contacto con la experiencia de competir. Sufrir, apretar dientes, contener el vómito… Luchar. 33 minutos que me supieron a gloria. ¡Qué misterio! El cuerpo debe de tener memoria, porque los kms caían siempre por debajo 4’/km, si bien en alguna rampa que otra el 4’20’’/km era impepinable. Los dos últimos kms fueron una auténtica hemorragia de dolor y sufrimiento. Qué cojones le eché, sí señor. Sin entrenar apenas, hice un minuto más que hace dos años en la misma carrera. Aún no puedo entenderlo. Y mi rodilla derecha, ni mú. Mi hermana debutaba en una carrera en Granada y en apenas unos meses que lleva corriendo hizo la nada desdeñable marca de 42'. Si sigue así, pronto estaremos disputando codo a codo el primer puesto deportivo de la familia.

Minutos antes de la X Carrera Nocturna de Atarfe.

Ayer, embriagado de euforia y autoestima, nos lanzamos a hacer la ruta que solemos llamar “La Ruta de los Miradores”. Barranco del Abogado, cuestas Gomérez y Chapiz, miradores, Albayzín… ¿Qué puedo yo aportar que no esté ya implícito en esos nombres? Para colmo, uno de nuestros acompañantes –el amigo Onio- , queriendo dejar claro que está fuerte y que quiere candela, nos exige desde el principio. Como soy testarudo y orgulloso por naturaleza, había que entrar al trapo. Y entramos, claro. Subimos como fieras y nos vaciamos, literalmente. Por la noche, dolor en la rodilla. Hostia directa. “Straight to the face”.

Mañana tengo una oferta que no sé si podré rechazar. Txomin -¡que acaba de hacer 37 minutos en un diezmil!- me ofrece acompañarle para hacer un puñado de miles antes de su participación en la Media Maratón de Granada, prueba que me perderé con todo el dolor de mi alma. La pierna responde mejor a ritmos altos, ¿pero debo hacerlos? ¿Me voy otra vez a intentar domar mi burra? Esta inestabilidad física y emocional me está volviendo loco.

lunes, 8 de octubre de 2012

Volver


      Día 7 de mi recién inaugurada vida. Más luces que sombras, quizá, pero persiste la inquietud, qué duda cabe. He vuelto a sentirme vivo por momentos, al tiempo que he vuelto a experimentar la crudeza y la ingratitud de este deporte. Si lo abandonas un tiempo, te la devuelve doblada. Ignorarlo es provocar una venganza aguda en forma de mil y un dolores pequeños, y algunos no tanto. Contabilizo 4 salidas desde que la luz al final del túnel empezó a surgir. Tres de 10 kms y la última, ayer mismo, de 13. Y sí, me pasé, es mucha tela tras tanta inactividad.

       La más feliz, la más plena y satisfactoria fue sin duda la primera, hace hoy justo una semana. Empecé a trotar sin pretensiones, tratando de reestructurar mi biomecánica, adaptándola a las nuevas plantillas. Fue raro, como correr con tacones. Imposible talonear, sobre todo con el alza que llevo en la derecha. Troté sonriente hasta que me crucé con un conocido. No, no dejé de sonreir por su presencia, pero me olvidé por completo de mi estado. Corrimos juntos, charlando animadamente, hasta someter mi caja a un castigo excesivo. Correr a 4 pelaos tras estar parado un tiempo no es lo más adecuado. Bajé el ritmo y me acomodé. Fui feliz.

       Para tener una idea certera de cómo corrí el segundo día, sólo hay que imaginarse a un Airgam Boy de 185 centímetros. Rígido, rígido. Imposible agacharme y tocar las puntas de los pies. El ritmo y las sensaciones, para olvidar. Eso sí, sin dolor en la cintilla.

      Para imaginarse el tercer día, vuelvan a imaginarse esta vez a un Madelman, pero en esta ocasión acompañado de Dolph Lundgren, o si lo prefieren, de un comandante de la SS rubio, alto y cuadrado. Stronger than ever. No es que el bicho me infligiese ningún castigo; el rodaje fue amistoso, pero sencillamente yo no estoy ni para hacer bulto. La adaptación a las plantillas será un proceso arduo.

      El cuarto, ayer mismo. “Rodaje depurativo”, que es un eufemismo para esconder lo que realmente pensaba: “corre, cabrón, quema las cervezas, vinos y ginebras de anoche”. Increíblemente, -misterios de este deporte- iba bien de motor, pero una vez más las piernas duras y exentas de flexibilidad. Con molestias, pero con la ventaja indudable de ir solo, hice el recorrido que siempre hago cuando viajo a mi pueblo. Son 13 kms y punto. Hay uno más corto de 10, pero eso son mariconadas. Yo no me pringo en mi pueblo para hacer el camino de domingueros de chándals relucientes y marujas armadas de revólveres. 13 kms con cuestecillas que no matan, pero que te dan una buena hostia cuando no estás en forma.  A falta de 2 kms, arrastrándome pero contento, percibo pasos vigorosos detrás. Viene un tipo espigado con impecable equipación Mizuno azul; me recompongo, me estiro, subo las caderas, braceo con palmas abiertas a lo Bolt. El tío ya me ha sacado 100 metros. Le veo las piernas super-definidas y depiladas. Iría a 3’50’’ y cómodo. Lo que otrora hubiese sido un pique en toda regla acabó conmigo retrepado en un banco de la vía verde, estirando vilmente, disimulando mi impotencia y conteniendo un conato de vómito. Seguí mi caminito, acompañado de una levísima insinuación de dolor. ¡Alarma!

           Me abandonó la confianza y el último km lo hice caminando, silbando alegremente la puñetera canción de Paulina Rubio, que vergonzosamente había bailado y vociferado en la boda de la noche anterior.

  “Boys will be boys. They want to play around; you shot me with your love gun, I’m falling to the ground…”

martes, 2 de octubre de 2012

Sshh...No me despierten




  Por favor, déjenme seguir durmiendo. No me molesten. Quiero seguir entre estas suaves y mullidas sábanas mucho tiempo más, tanto que ni siquiera pueda imaginar un despertar. Pero mientras este dulce sueño me embriaga, déjenme contarles un secreto:

    Ayer corrí casi 11 kms. ¡Sí! Sin molestia, sin dolor, sin miedo. Sólo corrí, corrí y corrí. Recorrí zancada a zancada casi once mil metros sin un solo atisbo de inquietud. Lancé una pierna tras otra, aterrizando cada una con decisión y fuerza. Por momentos lo hice muy rápido, y aunque mi ajado corazón me pedía clemencia, mi alma me pedía más, más kms, más tiempo, más placer. Traté de evocar qué se siente rodando a 4'/km y lo conseguí. Aún lo recuerdo. La amnesia no ha podido conmigo. Nunca lo hará.

          Déjenme contarles también que hace dos días empecé con apenas 20 minutos y que con todo el pesar que pude sentir en mi esencia, y a pesar de no experimentar dolor, invoqué a la prudencia y volví caminando a mi casa. De repente, los acordes melancólicos de este recién iniciado otoño se convirtieron en poderosos y agresivos riffs de guitarras. Rock and Roll. 

          Sueño que empiezo desde el principio. Que la ilusión me invade. Que no me importan carreras, marcas ni objetivos. Que este inmenso dolor muscular sólo significa que estoy vivo. Que me machaco progresivamente. Que lucho conmigo. Que poco a poco me reencuentro. Que este oscuro pasadizo ya no me pertenece. Que todo será una mala pesadilla. Que no tengo miedo a recaer.

        Por favor, no me despierten.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

CONSECUENCIAS


       No ando muy fino últimamente. Eso es una obviedad, pero es algo más, percibo como si caminara sobre un fango altamente resbaladizo, donde mantener el equilibrio es bastante complicado.  Supongo que debido a la incertidumbre que todas las esperas conlleva, vivo en un desasosiego que transforman mis días en simples hojas de calendario; hojas arrancadas y sepultadas en lo más recóndito del ostracismo. Percibo que los límites están poco definidos, menosprecio las consecuencias de las cosas y soy bastante incapaz de aceptar y conformarme con lo me depara la vida.

      Me estoy metiendo en una perorata existencialista, quizá metafísica, lo sé, aunque no es tal. Es la simple consecuencia de no saber encontrar palabras para definir esta inconsistencia espiritual que últimamente experimento.  He empezado septiembre con mal pie , en muchos aspectos. En cuanto a mi lesión, estoy aplicando la técnica de la evitación: intento olvidarme de que está ahí, de que persiste. O tal vez no, quizá ya esté curado y tengo tanto miedo a comprobarlo que prefiero seguir con mi rutina de mi visita al centro de fisioterapia, de no agobiarme con entrenamientos que ya debería estar haciendo y con las peripecias y andanzas de mis compañeros de fatiga. Como sustitutivo –que no sucedáneo ya- he descubierto el MTB, como ya os dije. Sí, me gusta, disfruto. Ya tengo en mi poder mis flamantes plantillas de polipropileno y carbono, junto con mi exhaustivo informe llevado a cabo en Ergonomía Solei –que por cierto, recomiendo encarecidamente. Un par de trozos de plasticucho negro, fino y enclenque que no puedo dejar de mirar para intentar explicarme cómo coño cuestan tanto.

La mala bestia
    Soy ateo, escéptico y por naturaleza, bastante pesimista. Eso ya lo sabía desde que tengo uso de razón, pero no paro de dar vueltas últimamente a la teoría del karma y a la filosofía oriental, en general. Últimamente parece que la retribución de mis actos quiere decirme algo. He decidido cambiar de mountain bike. Lo he decidido tras hacer cábalas económicas, sopesar pros y contras y hacer cientos de comparativas, para al final concluir que merecerá la pena, que la disfrutaré y la usaré. Este deporte puede ser precioso, enormente sugestivo, por momentos sobrecogedor debido al paisaje que vas dejando atrás, y duro, que es lo que a mí me gusta.
En el Pico del Corzo, Sierra de Huétor. Sobrecogedor. Minutos antes de la gran hostia.


    Hoy Txomin y yo nos hemos metido otra ruta. Viene como un tiro el amigo aguileño, fino, definido, fuerte. Se ha machacado concienzudamente y está claro y meto la mano en el fuego a que este año se va a salir en las carreras. Me ha reventado con la bicicleta, una vez más. No le huelo el polvo a la mala bestia. No tengo excusas. No vale el que no haya corrido en todo el verano y que sólo haya hecho bici un par de días a la semana. He bebido, he fumado y mi gen competitivo está oculto en alguna parte, si es que aún lo tengo. Ya no temo al sufrimiento que me espera cuando pueda volver a los entrenos para poder verle el cogote a éste o a Antonio “Dolph Lundgren”. Sé que están no uno, sino muchos puntos por encima de mí. Estas bestias han progresado porque hacen lo correcto con determinación: se machacan, tienen ilusión y una genética privilegiada. Siento envidia cochina de ellos, pero ya no me produce ansiedad: me alegro mucho por ellos y casi me siento ahora como si fuera algún tipo de asesor, o mánager, especialmente de Dolph, a quien orgullosamente digo que introduje en el running.

He aquí el pepino, aunque no se aprecie.
En fin, que hoy me he metido un hostiazo de cojones con la bici. Ayer otra. Ayer tracé mal una curva, puse pie a tierra, el pedal tropezó con mi gemelo derecho y di una voltereta digna de acróbata. Aterricé con el hombro derecho y una biela de la bicicleta impactó en mi casco. Más aparatosa que grave. Hoy aún no sé qué he hecho mal. Según Txomin, he frenado en exceso con el trasero en una bajada por pista forestal, con gravilla suelta. El caso es que barrido con mi pierna derecha varios metros de suelo. Sí, la derecha. La que me iba a masajear de nuevo mi fisioterapeuta dentro de dos días. Tengo un bulto tremendo en la nalga derecha, justo por debajo de la cadera, aparte de desolladuras varias. Esta tarde iba a encargar mi nueva burra, de 29 pulgadas,  tras haber ido ayer a la tienda a informarme de precios y condiciones.
Mi maltrecha pierna derecha.



¿Qué dicen ustedes? ¿Es mi karma? ¿Me compro la nueva bici? ¿Pruebo a ver si ya puedo correr? ¿Sigo bebiendo gin -tonics y fumando? ¿Me apunto a algún club esotérico? ¿Me quedo en mi casa encerrado un tiempo?
Y por último, ¿alquien me compra la bici que se ve en las imágenes?  La dejo muy barata y a pesar de las dos caídas, está nueva.

martes, 4 de septiembre de 2012

TRISTEZA


      Yo también estoy triste. Lo admito. Qué carajo, no van a ser sólo los niñatos ricos los que tengan la potestad de quejarse en público. Yo también quiero un aumento de sueldo, y que no me quiten pagas de Navidad. Lo que pasa es que unos cuantos cientos de euros más no podrían devolverme lo que me falta. Correr. Y es que a día de hoy, ya en septiembre, han pasado muchos meses, demasiados, sin dar un paso. En 17 años corriendo –empecé en agosto de 1995- no he estado sin correr más de 4 ó 5 días seguidos. Cuando he estado en el extranjero, me he llevado las zapatillas. Cuando he estado en un barco de vacaciones metido una semana, he corrido en la cinta del gimnasio. He corrido en todos y cada uno de los destinos de trabajo que he tenido, algunos de apenas días, pero en mi maleta siempre estaban las zapatillas.


      Así están las cosas: hace dos semanas estuve haciendo senderismo –suave- y en apenas una hora empecé a notar la característica molestia en la cara externa de mi rodilla. Un rato más tarde, la molestia se convirtió en dolor y además se extendió al tendón rotuliano. Un calvario hasta llegar al coche. Urgencias. Ecografía. Nada. Fui a mi sesión semanal de fisioterapia. El pobre está casi más desesperado que yo. Está desconcertado. Me “prohíbe” todo lo que conlleve impacto, incluido caminar demasiado tiempo. Me anima a que me realice un estudio biomecánico completo y unas buenas plantillas. Ya está hecho. Un magnífico y exhaustivo estudio de la pisada, estático, andando y corriendo. Efectivamente, se suman bastantes irregularidades biomecánicas en mi deficiente técnica de carrera: taloneo en exceso, mis tibias están arqueadas, tengo una dismetría de 1 cm en mi maltrecha pierna diestra, apenas uso el primer metatarsiano en el apoyo y despegue. Vamos, que apoyo con el exterior, con lo que la fricción en la cara externa es evidente.  Tengo que corregirlo. Plantillas super-mega-ultra tecnológicas, diseñadas por ingenieros deportivos, ligeras, personalizadas… 250 napos.  Aún las estoy esperando. 

        Tras indagar en muchos foros de atletas lesionados, mantengo contacto con dos corredores que han sufrido la misma lesión que yo. Sí, que han sufrido, o sea, que la han pasado. Uno en 6 meses. Otro en casi dos años. Alentador…

         He asistido a 3 bodas este verano. Aún me falta una. Ni que decir tiene que yo en estos eventos me comporto como si no hubiera un mañana. Me castigo al máximo. Si estuviese entrenando, con alguna prueba en mente, quizá me abstendría de abusar del líquido destilado y de la nicotina, pero estando así, ni de coña. Catarsis activa.

       Algo positivo es, sin duda, mi enganche definitivo a la mountain bike. De hecho, estoy barruntando cambiar mi discreta Scott por algo mejor. De hecho, he comprado revistas, he visitado foros, comparativas, tiendas, y todo para nada, porque no estamos muy boyantes que digamos.  Salgo unas dos veces por semana –algunas 3- , completando rutas de hasta 85kms. Nada de paseos. Puertos y subidas criminales y -¡por fin!-, disfruto en las bajadas llenas de trialeras, regateras, baches, raíces y troncos atravesados en el camino. Es bonito. Hasta me he hecho con un maillot y culotte profesional para no dar tanto el cante de "globero".


       Este es el estado de las cosas. Miro adelante y una neblina densa me impide ver con claridad. Me toco la pierna y me pregunto si ya estaré curado. No quiero ni probarlo. Aguardaré a la próxima sesión de fisioterapia y mis flamantes plantillas nuevas. Y seguiré triste.