Cuando pase el tiempo –que espero que no sea más de 2 meses-,
este período estival será recordado por mí como el verano del dolor. El dolor
puede adoptar muchas formas, tanto física como psicológica, pero a mí me ha
sobrevenido una especie de híbrido psico-física que está consumiendo mis días
lenta y angustiosamente. Cuando vuelva a correr, inevitablemente voy a tener
miedo. Tendré miedo de no ser ni la sombra de lo que he sido. Recorreré
mentalmente todas las etapas de esta dichosa lesión, recordaré a los muchos
ineptos que me han tratado, los intentos infructuosos de algunos esforzados por recuperar mi cara
externa derecha de la pierna, los mil y un tests de prueba con sus correspondientes
sensaciones negativas , rememoraré las panzadas de horas que estoy pasando
sentado en mi bicicleta…
No olvidaré las torturas a las que me están sometiendo los
fisios. Hasta ahora sé al 100% que
desconocía el umbral de mi dolor, mi nivel de tolerancia al puro y duro dolor
físico. Los dedos y puños que se clavan en mi muslo como cuchillos en
mantequilla, que oscilan de arriba y abajo, que hacen vibrar mis tendones hasta
el límite de la rotura. Aprieto dientes, agarro firmemente la camilla, sudo,
hundo los ojos hasta creer perderlos. Contengo el grito con onomatopeyas
ahogadas. Hasta lloro. Puro ciriax.
Pero sobre todo recordaré el dolor que me produce ser
perfectamente consciente de mi autocomplacencia, de la actitud distante y
contemplativa que estoy adoptando ante la impotencia de no poder correr. Ya no
me fijo metas. Ya no tengo objetivos. No sé cuál será mi próxima carrera. En
agosto empiezo normalmente mi proceso de automotivación, es el mes en el que
planifico mis ilusiones, mis carreras, el mes cuando corro con la camiseta
empapada de sudor hecha un gurruño en mi mano. Me parece una eternidad el
tiempo que llevo sin sentir mi droga. Casi ni recuerdo su placer. Sin ella,
todo simplemente se viene abajo, se desbarata, pierde su sentido. Necesito
apartarme de todos estos sucedáneos y conseguir de una vez por todas un subidón
con la droga perfecta. Without you everything just falls apart...
NINE INCH NAILS - The perfect drug
Volverás. Y entonces, te temeremos. Más aun que antes. No dudes. Cuando estés en condiciones, tu regreso será apoteósico!!
ResponderEliminarUn abrazo y ánimo.
PD.- Jose Antonio y yo nos hemos marcado otro propósito titánico: no dar tregua a agosto y publicar cada día de este mes un Post.
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Bufff, no me veo capaz, ni creativa ni anímicamente. Os seguiré, aunque creo que tú ese propósito ya lo habrás logrado en más de una ocasión, jeje. ¡Sois unos animales del teclado!
ResponderEliminarPronto estarás otra vez ahí. Después de leer la entrada yo la hubiera titulado "The Downward Spiral". Grandes NIN.
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